Mariñán, un pazo barroco

Mariñán es uno de los pazos más espectaculares de la provincia de A Coruña. Situado en el concello de Bergondo, muy cerca de Betanzos y a unos 25 kilómetros de la ciudad de A Coruña, comparte con otros edificios gallegos como el Pazo de Oca una historia en común, la que los llevó a representar los sueños de grandeza de sus dueños en torno al siglo XVIII.

Dicen los historiadores que los orígenes de Mariñán hay que buscarlos alrededor del siglo XV y que en este lugar se erguía un edificio defensivo. Su situación a orillas del Mandeo, que forma la ría de Betanzos, es la probable razón de este emplazamiento, entre dos de las principales localidades de la zona en el medievo: Betanzos, al sur y río adentro, y Pontedeume, al norte, en la cara exterior de la ría.

A través de los siglos fueron propietarios de este edificio integrantes de las principales familias nobiliarias gallegas (los Traba, Lemos, Altamira, Soutomaior…) La mayor parte de lo que hoy se ve en el pazo es del siglo XVIII, que dejó su huella entre barroca y racionalista también en el diseño. El último cambio de propiedad de Mariñán tuvo lugar en los años treinta del siglo pasado, cuando su dueño, Gerardo Bermúdez de Castro, lo cedió a la Diputación Provincial para que lo administrara. Hoy este organismo público sigue haciéndose cargo de él y Mariñán acoge con regularidad reuniones, debates o cursos para los más jóvenes.

Pero, en origen, además de servir de residencia noble la principal función de Mariñán era impactar. La voluntad de impresionar del arquitecto (y del dueño) queda patente desde la misma entrada principal del edificio, en la parte interior de la U en la que se disponen las diferentes estancias. Se efectúa a través de unas escalinatas de piedra con unos elementos muy curiosos: dos personajes, vestidos de siervos, reciben al visitante en una actitud atenta que, pese al desgaste de la piedra por causa del paso del tiempo, aún es apreciable hoy.

También es una escalinata y aún de mayores proporciones la que da acceso a la parte trasera del pazo y a los jardines. Realizada en granito, es un prodigio de distribución de espacios, pues conecta la gran terraza con buena parte de las estancias. Está decorada muy al gusto clásico, con enormes vasos tallados en piedra y conducciones de agua que adornan las balaustradas.

El interior acoge una parte de la colección artística e la Diputación de A Coruña. Cuadros y esculturas de los siglos XIX y XX y mobiliario de época adornan las estancias del pazo, entre ellos obras de Ovidio Murguía, Picasso, Lloréns o Díaz Pardo.

Capítulo aparte merecen los jardines. Se sitúan en la parte del terreno que da hacia el estuario que forma el Mandeo en la ría betanceira y fueron diseñados ya en el siglo XIX al gusto formal francés. Así se conserva: con los arbustos de boj trazando hermosas formas poligonales, en esta zona crecen los árboles autóctonos y también otros ornamentales procedentes de otras latitudes, como abetos del Cáucaso, mirtos, pacanas de Illinois, plátanos de sombra… Hay, por supuesto, un ciprés, como es tan habitual en los pazos gallegos.

Muchas de estas plantas se encuentran en el Catálogo Gallego de Árboles Singulares, lo que les otorga especial protección. La colección sigue creciendo, pues es tradición que los visitantes ilustres que pasan por Mariñán planten un árbol en el llamado Jardín de la Palabra.

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