Manantiales de Verín

Nunca faltan razones para visitar Verín, una de las localidades más “carnavaleras” de Galicia. El viajero puede pasear por su casco urbano para conocer las pequeñas plazas, el convento de los Mercedarios o la vieja casa de los Acevedo, haciendo parada de vez en cuando para tomar un vino de la Denominación de Origen de Monterrei y una tapa. Debe, por supuesto, subir hasta el espectacular castillo de Monterrei, en el vecino municipio del mismo nombre pero muy próximo al centro urbano, un auténtico palacio fantásticamente conservado que hunde sus raíces en el siglo XII. Y puede también aprovechar iniciativas turísticas tan interesantes como la de la ecovía ciclista del río Támega o, por supuesto, la proximidad de la villa con Portugal y la hermosa ciudad ciudad de Chaves.

Pero es obligado para quien visita Verín conocer la huella del termalismo en la localidad. Y ninguna forma es más adecuada para hacerlo que paseando con calma por el parque que rodea el manantial de Cabreiroá.

La sola mención de este nombre sitúa a casi cualquiera: Cabreiroá es una marca muy conocida en toda España por sus aguas embotelladas, y el manantial del que brotan está apenas a unos minutos a pie del centro de Verín. El recorrido es también muy agradable, puesto que la fuente se sitúa en medio de un parque muy amplio, ocupado por grandes árboles de varias especies autóctonas. Y ahora, un poco de historia.

El manantial de Cabreiroá se hizo conocido fuera de Verín junto a muchas otras fuentes medicinales, en el momento de esplendor del termalismo: el tramo final del siglo XIX. En aquel momento, viajar para “tomar las aguas” era una actividad propia de gentes distinguidas, y muchas acudían a Verín para tratarse de males diversos. La confirmación para la popularidad de Cabreiroá llegaría en el comienzo del siglo XX, cuando el doctor Santiago Ramón y Cajal analizó el agua y certificó su valor medicinal. Corría el año 1906, el mismo en que el médico fue galardonado con el Premio Nobel.

El primer tercio del siglo XX fue de gran actividad. El edificio principal es de aquella época: se trata de una deliciosa construcción con aires art decó, de planta octogonal, en cuyo centro se encuentra la fuente principal, que brota debajo de una hermosa cápsula de vidrio en la que burbujea el agua antes de salir al exterior. Este quiosco era el elemento central de un complejo en el que también se erigieron un hotel balneario y una factoría para embotellar el agua, aún en uso. Con la Guerra Civil el balneario sufrió: fue transformado en hospital y en cuartel, y no recuperó la pujanza hasta los años sesenta. En la actualidad es la actividad de envasado de aguas la que más peso tiene. Cabreiroá ha pasado ya del siglo de historia con muy buena salud.

Lo mismo se puede decir de otro manantial famoso de Verín, el de Aguas de Sousas. Situado apenas a un kilómetro y medio al sur, es uno de los más antiguos de Galicia. Aún ahora se puede visitar el viejo templete que guarece la fuente, justo frente a la fábrica de envasado de otra agua que lleva el nombre de Verín por todo el mundo.

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