Los Xenerais da Ulla

Dicen que la invasión francesa a comienzos del XIX, primero, y los ecos de las Guerras Carlistas, después, dejaron una huella tan profunda en las tierras del Ulla que sus habitantes acabaron por integrar los vistosos uniformes militares de la época en la única fiesta que, en aquel tiempo, los pobres se podían permitir: el Carnaval. Probablemente ese pasado bélico esté en el origen de los Xenerais da Ulla, los personajes más característicos del Entroido en los municipios de la cuenca baja del tercer río más importante de Galicia.

Los xenerais recorren en los días de Carnaval en las parroquias de los ayuntamientos coruñeses de Boqueixón, Santiago de Compostela, Teo, Touro y Vedra; y de los pontevedreses Vila de Cruces, A Estrada y Silleda, todos ellos a la sombra del imponente Pico Sacro. Lucen un espectacular traje en el que destaca un altísimo gorro bicorne, decorado con plumas de colores y, en los mejores diseños, de pavo real. La chaqueta es oscura y está habitualmente cubierta de galones, medallas y charreteras doradas, y ceñida al cuerpo con una faja roja y una bandera. Estos trajes son muy valiosos, y no es extraño ver a los xenerais viajando de parroquia en parroquia con un sombrero más sencillo, para preservar la integridad del principal.

Los Xenerais da Ulla cabalgan a lomos de monturas tan bien arregladas como ellos mismos. Los caballos, excepcionalmente cuidados, se adornan también con plumas y arreos especiales. En muchos de ellos destaca una pieza de espejo fijada sobre la cabeza.

Junto a los xenerais viajan de aldea en aldea los llamados correos, normalmente jóvenes vestidos de manera algo más modesta, con gorro circular y campanillas colgando tato del traje como de los arreos del caballo. Estas figuras son las encargadas de anunciar la llegada de los xenerais a las parroquias y de asistir a los personajes principales. También va en la comitiva una persona que porta una caja de madera en la que los vecinos introducen dinero. ¿Para qué?

Las aportaciones se hacen para que los xenerais, llegados a la puerta de una casa, se detengan a dar “vivas”, es decir, a pronunciar, espadín en alto, palabras elogiosas para el donante y su familia. Los “vivas” son habitualmente preludio de los combates en los que se miden los xenerais: los atranques.

Son estas lizas puramente dialécticas, en las que dos xenerais se enfrentan cara a cara con rimas ingeniosas dirigidas a burlarse del oponente, agitando con desenvoltura el espadín y poniéndose muy tiesos sobre la silla. En ellas no es infrecuente que se comenten los asuntos vecinales y políticos que marcaron el año pasado. Desde hace bastantes años existen xenerais de ambos sexos, y todos ellos demuestran una gran pericia verbal en esta suerte de regueifas a caballo.

La tradición del Entroido es muy rica en la comarca del Ulla, y a estos personajes principales los acompañan, variando en función del municipio, otras figuras tradicionales, como el rey y la reina (vestidos de forma similar a los xenerais y los correos, pero que viajan a pie), el Demonio (particular y único, pues sólo se encuentra en la aldea teense de Reis), los coros o las comparsas montadas en peculiares carrozas artesanales.

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