Los marcos del Coto de Lampai

La historia de los marcos del Coto de Lampai es la demostración de que en Galicia, a veces, la historia aparece donde uno menos se la espera. Estos tres fenomenales hitos pétreos fueron clavados hace casi mil años en un monte en las proximidades de Santiago de Compostela y allí permanecieron, olvidados por lo menos en los últimos tiempos, al lado de un camino que ya no se utiliza y que en muchos de sus tramos a duras penas se identifica. Aún hoy no se sabe muy bien por qué un emperador los mandó situar en el lugar que ocupan.

Los marcos del Coto de Lampai son tres, aunque es muy probable que en origen hubiese un cuarto. Están situados a medio camino entre las parroquias de Cruces, en Padrón y de Lampai, en el Concello de Teo, y son accesibles o por lo menos visibles de un modo bastante fácil. Dos se sitúan cerca del inicio y el final de la carretera DP-6502. El vial une la padronesa Porta dos Mariños (hermoso y extraño topónimo) con Lampai, lugar que cuenta con una iglesia de origen románico, recuerdo de un pequeño monasterio medieval. El tercer hito está muy cerca de la autopista AP-9 a su paso por A Escravitude, y es incluso visible desde la calzada, en lo alto de una antigua cantera abandonada.

Se trata de piedras de gran tamaño, de aproximadamente metro y medio de altura, cuidadosamente labradas en sus caras con inscripciones en letra gótica muy trabajada. En estas leyendas el cantero escribió un texto en latín que los historiadores del arte Jorge y Xoán Guitián, autores de un trabajo sobre el tema, traducen como “Año 1156 en el primer día de las calendas de septiembre con la autoridad del Emperador y de todos los asistentes pongo este pedrón”.

Pero ¿a qué emperador se refieren los marcos? Se trata de Alfonso VII, que por entonces, en plena Reconquista de la Península Ibérica a los musulmanes, se autodenominaba “emperador de Hispania”. Los historiadores acudieron a una obra fundamental para conocer el pasado de Galicia, la monumental Historia de la Santa A.M. Iglesia de Santiago de Compostela, de Antonio López Ferreiro, donde confirmaron que en la Catedral se conservan documentos por los que ese rey entregaba una gran cantidad de tierra a un plebeyo, Sancho Eanes, contratos medievales firmados por gran cantidad de nobles que los certificaban. Los marcos de Lampai era, por tanto, hermosos testimonios de las lindes de tan fenomenal regalo imperial.

Probablemente nunca sepamos quién fue Sancho Eanes ni qué hizo para hacerse merecedor de tan gran recompensa. Pero sí podemos gozar de la vista de los marcos, hermosamente labrados y situados junto a un riachuelo o en medio de un prado, guardando un camino por el que hace decenios que sólo pasan los viajeros más curiosos.

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