Los Baños de Cortegada

La provincia de Ourense es bien conocida por haber sabido aprovechar una herencia termal que se extiende a lo largo de los siglos. Las termas de Prexigueiro o A Chavasqueira, los balnearios de Lobios o Laias, los manantiales de Cabreiroá o Sousas… El territorio sur de Galicia es sin duda generoso en aguas medicinales. Si a esto le sumamos paisajes espectaculares, el resultado son lugares como los baños de Cortegada, en la comarca de O Ribeiro, donde el paisaje es tan importante como la huella termal.

Cortegada se encuentra a tres cuartos de hora en coche de la capital provincial ourensana. Es una pequeña villa de apenas 1.100 habitantes, recogida y apacible, con calles estrechas que descienden poco a poco hacia el río Miño. Allí vivió sus últimos años el escritor Fermín Bouza Brey.

La existencia de aguas medicinales en la zona se conoce desde hace siglos y se han hallado documentos datados en el siglo XV que las mencionan, relacionándolas con propiedades del entonces poderoso monasterio de Celanova. Pero fue en el siglo XIX cuando el termalismo se convirtió en una forma de turismo especialmente apreciada por las clases acomodadas y también por los que, sin serlo tanto, buscaban remedios para enfermedades o simplemente para el cansancio de una vida dura.

En esta época las pozas termales de Cortegada eran poco más que fuentes que canalizaban las aguas medicinales, aunque con el tiempo fueron instalándose casetas para acoger al público que acudía principalmente en los meses de verano. En invierno, estas estructuras efímeras se desmontaban y aguardaban almacenadas hasta el inicio de una nueva temporada. A finales del XIX, cuando mayor auge alcanzó el fenómeno termal, llegó a construirse un edificio, que acabó dañado por las corrientes del Miño.

El sucesor tendría que esperar a que el viento de la historia fuese propicio. Fue finalizado en 1937, y de ello da fe un acusado aspecto art decó. Se trata de un edificio hecho en hormigón en el que destaca la decoración exterior, principalmente el frontón que adorna la parte superior de la puerta. La terraza está literalmente colgada sobre el Miño, volando sobre el agua y, en ciertas épocas del año, prácticamente flota sobre ella. No fue siempre así, puesto que el nivel de la corriente subió de forma considerable con el levantamiento en los años sesenta del pasado siglo del embalse de Frieira, aguas abajo, en el límite entre las provincias de Ourense y Pontevedra y ya casi en la frontera con Portugal. El antiguo baño de Cortegada atraía fundamentalmente a clientes llegados de los alrededores, y nunca alcanzó la fama de otros balnearios como los de Mondariz o A Toxa, pese a la riqueza y hermosura de la naturaleza que lo rodea.

El edificio contemporáneo, inaugurado hace unos años, se sitúa junto a una de las primeras construcciones, hecha en 1818 para aprovechar los llamados baños del monte, que brotan en la ladera por encima del balneario de 1937. Es un establecimiento moderno, con instalaciones de última generación. Para ponerlo en funcionamiento hubo, en primer lugar, que recuperar el manantial original, perdido por las riadas y el embalse, captándolo con una cata a seis metros de profundidad. Sus aguas son, según explica la empresa gestora del complejo, sulfuradas, bicarbonatadas, fluoradas, sódicas y litínicas, y salen del subsuelo a una temperatura de 26 grados centígrados. Son beneficiosas para enfermedades de la piel, del aparato digestivo y del hígado.

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