Los alcornocales del río Arnego

El río Arnego es un pequeño curso de agua de esos que hicieron de Galicia el país de los mil ríos, como le llamaba el poeta. Nace en las alturas de la sierra del Faro en la Pena de Francia de Dozón donde dice la tradición que nació el rey visigodo Witiza. Desde allí baja rápidamente en dirección norte dejando a la izquierda la villa de Lalín, para morir unos kilómetros más allá en el río Ulla, en pleno embalse de Portodemouros. Es un río fiero, como la mayor parte de los que se sitúan en esta zona del centro de Galicia, pues hace su recorrido en apenas un suspiro y la mayor parte del año lleno de agua que pugna por abrirse paso entre paredes de roca.

El Arnego guarda en su tramo final un secreto que le gustará conocer a cualquier viajero curioso: en pleno interior gallego, un bosque con muchas especies más propias de climas como el mediterráneo.

A esta zona se le llama Sobreirais do Arnego, alcornocales del Arnego, precisamente por la especie que la singulariza: el alcornoque, ese árbol de la familia del roble que se caracteriza por la calidad de su corcho. Este se utiliza para multitud de producto, desde los tampones de las botellas hasta la manufactura de productos artesanos. La temperatura, templada durante la mayor parte del año, propició que esta especie prosperase en este bosque, una de las pocas áreas de Galicia en la que se pueden encontrar alcornoques en cantidad apreciable y en muchos casos ejemplares de gran tamaño y largos años de existencia. Hay lugares en la provincia de Ourense o en el entorno de la Ribeira Sacra en los que también se pueden ver. De hecho, en la zona sur de Galicia hubo en alguna época buenas reservas de este árbol, pues el mismo Catastro de Ensenada, de mediados del siglo XVIII, asegura que en las aldeas de la desembocadura del Miño había bosques dedicados al cultivo del corcho que luego se emplearía en aparatos tan fundamentales para el día a día marinero como son las boyas de pesca. Sin embargo, hoy por hoy los Sobreirais do Arnego, con sus más de 1.500 hectáreas de extensión, son únicos.

Otra de las especies propias de zonas más al sur que se pueden encontrar aquí es el madroño, con sus inconfundibles bayas rojas. También crecen, por supuesto, especies más extendidas en la Comunidad, como robles, castaños y alisos, constituyendo un magnífico ejemplo de bosque de ribera declarado Lugar de Importancia Comunitaria integrado dentro de la Red Natura 2000, lo que le da especial protección.

Los alcornocales se extienden por los municipios de Lalín, Vila de Cruces y Agolada, principalmente este último. Para conocerlos existen varias rutas de senderismo fáciles de hacer. Los más atrevidos pueden probar a bajar algún tramo del Arnego en canoa, aunque para esto hay que ser un piragüista algo experimentado en las aguas bravas: en invierno el río baja con fuerza y, en algunos tramos, forma pequeños cañones espectaculares para ver y difíciles de navegar. El Sobreiral también es un lugar muy apreciado por aquellos que practica la pesca deportiva.

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