Leyendas e historias del Pico Sacro

“Una pirámide colosal en el horizonte de un valle, un obelisco gigante que va en contra de los paisajes del valle fértil, una montaña cónica, coronada, como la mitología de Cibeles, con almenas fantásticas de cuarzo […]. Es el símbolo de misterio y soledad […] es el mensajero de una melancolía resignada […] es el padre salvaguarda de la región”. De esta poética forma se refería a mediados del siglo XIX Antonio Neira de Mosquera al Pico Sacro, en Boqueixón. La montaña, de unos 600 metros de altura, es fácilmente reconocible desde prácticamente cualquier lugar de la comarca del Ulla, al sur de Santiago de Compostela, y ha servido de guía para orientarse a viajeros desde el inicio de los tiempos. Su silueta característica le ha garantizado un lugar central en la imaginación de quienes han vivido en estas tierras y es, en consecuencia, la localización de numerosas leyendas y mitos.

De hecho, el Pico Sacro es probablemente el monte más fabulado de los que hay en Galicia. La historia más repetida es la que le da un papel protagonista en la traslatio o llegada de los restos del Apóstol Santiago a Compostela. Mandaba entonces en el bajo Ulla la Reina Lupa, un personaje mítico que aparece en varias historias populares gallegas. Según cuenta la leyenda, Atanasio y Teodoro, los dos discípulos de Santiago que traían a Galicia su cuerpo desde Palestina, fueron a verla para pedirle un carro con el que ayudarse en su trabajo. Lupa, ladina, les envió a buscarlo al Pico Sacro, donde habitaba un dragón, esperando que éste les devorase y la librara de la competencia que supondría el Apóstol para su poder. Pero los dos discípulos subieron al monte y, cuando el dragón los atacó, lo vencieron simplemente haciendo la señal de la cruz. Tomaron allí dos bueyes bravos que, amansados por el poder del Apóstol, acabaron conduciendo el carro hasta Compostela.

Sobre esta leyenda existen infinidad de variantes. Otra muy conocida es la de la existencia de una enorme serpiente que habita en el corazón del Pico Sacro. Se puede incluso visitar la entrada de su morada: cerca de la cima, en la cara norte del monte, un enorme túnel horada las rocas; es posible entrar en él unos pocos metros, pero después las piedras ascienden y tapan la luz, haciéndolo impracticable, por fortuna para los más miedosos.

El agujero es probablemente de origen natural, pero la imaginación de las gentes ha agrandado su leyenda de forma exponencial. Otro cuento popular afirma que, siguiéndolo hasta el final, se llega a la misma orilla del río Ulla en San Xoán da Cova, varios kilómetros ladera abajo, y que era el camino que utilizaban para dar a beber a los caballos los habitantes originales del Pico Sacro, los “mouros”. Estos personajes son habituales de las fábulas tradicionales gallegas y, si se los encuentra, conviene tratarlos bien: de su caprichoso carácter depende que uno acabe llevándose a casa un tesoro o una maldición terrible.

Camino del agujero, la llamada “rúa da Raíña Lupa” es una curiosa brecha en la roca que se puede atravesar andando. El mito dice que se trata del pasillo de entrada al palacio de la reina bruja; otros cuentan que un gigante la abrió de un hachazo

El Pico Sacro domina una vista de al menos treinta kilómetros a la redonda, desde la imponente cumbre del Monte Xesteiras en tierras de Cuntis hasta la misma Santiago. Por esto, su cima ha sido probablemente desde siempre atalaya defensiva y, a la vez, centro de peregrinación religiosa. Existe casi arriba del todo una ermita dedicada a San Sebastián que se edificó en origen en el siglo X, y junto al vértice geodésico que lo corona quedan aún restos de una fortaleza del siglo XV. No son muchos ni fáciles de ver, aunque se pueden apreciar rebajes en la piedra para asentar estructuras de madera o escalones tallados en la mole de granito y cuarzo.

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