Las campanas de Bastavales a las que cantó Rosalía

Campanas de Bastabales, cando vos oyo tocar, mórrome de soidades.

Los tres versos con los que se abre este poema están entre los más conocidos, apreciados y recitados de cuantos compuso la gran poeta gallega por excelencia, Rosalía de Castro. Formando parte del fundamental libro Cantares gallegos o musicadas por cantautores como Amancio Prada, las campanas de Bastavales, en Brión, han dado la vuelta al mundo.

Nacida en Santiago de Compostela en 1837, Rosalía pasó parte de la infancia en la casa de sus tías en la aldea de Ortoño, en el mismo valle en el que resonaban las campanas sobre las que escribiría muchos años después. En el afamado texto, la poeta recuerda el feliz tiempo de la niñez entre las vegas, que compartieron protagonismo en estos primeros años con las tierras de Iria Flavia y Padrón, río abajo.

El poema fue escrito en una época en la que la vida de Rosalía no podía ser más diferente de la que quería evocar: siempre siguiendo a su marido, Manuel Murguía, de ciudad en ciudad y de trabajo en trabajo, echaba de menos la existencia apacible del rural gallego, donde podía tomar el camiño do meu contento; i en tanto o sol non se esconde nunha pedriña me sento. E sentada estou mirando como a lúa vai saíndo, como o sol se vai deitando” (camino de mi contento; y en tanto el sol no se esconde en una piedrecita me siento. Y sentada estoy mirando cómo la luna va saliendo, cómo el sol se va acostando). Dóiome de dór ferida, que antes tiña vida enteira e hoxe teño media vida. Só media me deixaron os que de aló me trouxeron, os que de aló me roubaron”. (Me duelo de dolor herido, que antes tenía vida entera y hoy tengo media vida. Sólo media me dejaron los que de allá me trajeron, los que de allá me robaron”, escribió.

Las campanas que emocionaron a Rosalía se situaban en la bonita iglesia de San Xulián de Bastavales, situada en una de las laderas del valle del Sar. El mismo nombre de la localidad remite a la fertilidad del terreno que riega este río, subsidiario del Ulla, pues procede del latín vasta vales, o gran valle. La iglesia es un templo edificado a finales del siglo XVIII en el que destaca, precisamente, el alto y liviano campanario. De estilo barroco y de una sobriedad que linda ya en el neoclásico, se construyó sobre un edificio románico anterior y siguiendo un proyecto en el que colaboró el arquitecto Tomás del Río, conocido por obras singulares en el interior de la Catedral de Santiago de Compostela. La torre es posterior, de 1828, momento en el que se emplazaron allí las campanas que Rosalía recordaría durante toda la vida.

Sin embargo, y sin que el cambio le reste un gramo de hermosura al lugar, las campanas actuales no son ya las mismas que inspiraron el famoso poema. Fueron sustituidas a principios del siglo XX y complementadas en la década de los treinta con un reloj que da aún más carácter a la construcción. El emplazamiento es, con todo, el gran atractivo de San Xulián de Bastavales, pues su puerta principal se abre a la amplia vega del Sar, plana, verde y fértil, rodeada por suaves lomas arboladas. Y, si se sabe mirar, al fondo de la estampa, como una sorpresa, se podrán contemplar incluso las torres de la Catedral compostelana.

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