La Pedra da Serpe y la Fervenza de Raxoi, en Valga

Situada en las lomas que descienden desde el interior de la provincia de Pontevedra hacia la ría de Arousa, Valga es un municipio repleto de patrimonio histórico y natural. La villa natal de la bailarina del XIX Carolina Otero, “La Bella Otero”, cuenta con varios lugares de mucho interés, de los que hoy visitaremos dos: el petroglifo de la Pedra da Serpe y la fervenza de Raxoi.

Uno de sus atractivos más antiguos es la llamada Pedra da Serpe o petroglifo de Campo Redondo. Se encuentra en un monte próximo a la aldea de Os Vilares, al que sólo se accede por pistas forestales que, conservándose en buen estado, son más apropiadas para caminantes, ciclistas o coches adaptados para andar lejos del asfalto. Llegar a ella es, con todo, muy fácil desde el centro de Valga, pues allí comienzan las señales que nos dejarán al pie mismo del monumento. La piedra está al lado de una de esas pistas, bien indicada. Es un afloramiento granítico que, entre los tojos y los helechos, parece incluso brillar a ciertas horas del día. La situación seguramente no fue aleatoria, pues desde este sitio se obtienen amplias vistas del valle de Valga y del imponente Monte Xesteiras, en Cuntis, una mole muy reconocible desde docenas de kilómetros a la redonda por su altura y por el radar meteorológico en forma de bola que la corona. En la Pedra da Serpe los autores grabaron motivos geométricos y círculos concéntricos similares a los de otros petroglifos del entorno, pero lo que sorprende son varias marcas verticales ondulantes que imitan el movimiento de una culebra, o eso semeja a los ojos de nuestros contemporáneos. Su significado real y la razón de por qué fueron dibujadas aquí ha quedado olvidado en la bruma del tiempo.

Un poco más abajo, aprovechando las feroces aguas del río Valga, se encuentra en conjunto etnográfico de los molinos de Parafita, que cuenta con una atracción que en temporada de lluvias asombra: la hermosa catarata de Raxoi. Se llega a ella tomando la misma carretera monte arriba desde el centro de Valga, y también está muy bien indicada. En este lugar, la corriente se comprime y desciende tan rápidamente (cae 50 metros de altura en menos de 200 de longitud) que forma varios saltos, de los cuales esta cascada es el más destacado. Unas pasarelas de madera hacen más fácil la contemplación del espectáculo. La masa de agua se abre desde las alturas, precipitándose con furia sobre una poza y, después, corriendo rápida lecho abajo. Siguiendo el paseo se puede ascender con cuidado y algo de esfuerzo a la parte superior de la cascada y seguir río Valga arriba. Resulta curioso el contraste entre la tranquilidad que se respira en este lugar, en un camino rodeado de vegetación y punteado por los píos de los pájaros, y el rugido del salto unos metros más abajo.

La gran fuerza del río en este tramo hizo que el ser humano se aprovechara del caudal para construir molinos que, movidos por la energía de las aguas, servían para moler grano. Muchos de ellos están reconstruidos y bien cuidados en esta zona, permitiendo comprender su funcionamiento y dando al conjunto un delicioso aire de otros tiempos.

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