La Fraga de Catasós, un bosque de los de antes

“Así debían de ser de ser los bosques gallegos no hace tanto tiempo”. Es inevitable pronunciar esta frase mientras se recorre la senda que atraviesa la Fraga de Catasós. Este es un bosque que le puede parecer minúsculo a los habituados al senderismo y a las grandes extensiones de arboleda en áreas como O Courel o Os Ancares. Sin embargo, es una de las mejores muestras de bosque caducifolio atlántico que se preservan en toda Galicia, un resumen del patrimonio vegetal galaico comprimido en unos pocos centenares de metros cuadrados.

Porque la Fraga de Catasós, situada en el municipio de Lalín, es realmente pequeña en dimensiones (abarca poco más de cuatro hectáreas y media), pero muy grande en importancia natural y belleza paisajística. Visitarla es muy fácil gracias a una ruta de senderismo corta, adaptada a todas las edades y condiciones físicas, bien acondicionada con barandillas de madera, que hace un bucle dentro de la Fraga y siguiendo en parte el llamado Rego da Quintela.

En la Fraga de Catasós pueden observarse varias especies vegetales muy típicas de los bosques galegos, pero sin duda los que llamarán la atención son los espectaculares castaños y robles, que están entre los más altos y antiguos de Europa. Los robles muestran su edad doblando ramas y tronco en formas caprichosas; los castaños se elevan y, a partir de la primavera, cubren la loma con la sombra que da su impenetrable follaje.

Son estos castaños testimonio de épocas en las que este árbol era uno de los protagonistas de la economía gallega. Su fruto era hasta no hace tanto una de las bases de la dieta de los gallegos: mientras no fue sustituida por la patata americana, la castaña era una de las comidas diarias de cientos de miles de personas. También eran los castaños fundamentales para la arquitectura tradicional del país: las vigas, las puertas, los muebles de las casas patricias estaban hechas habitualmente de esa madera, de gran durabilidad y tonalidad muy apreciada. En las primeras curvas de la ruta se puede contemplar el tronco de uno de esos castaños derribado en los primeros años ochenta por el ciclón Hortensia, que causó graves daños en Galicia. La observación de los anillos y el porte del ejemplar muestran con claridad de qué clase de árboles gigantes estamos hablando, capaces de soportar durante años tanto los temporales como las piedras de los majestuosos pazos del país.

Llama la atención que un lugar como la Fraga de Catasós, situado justo al lado de la muy transitada carretera nacional 525, que une Lalín con Ourense, perviviese en su estado primitivo mientras que alrededor es difícil gozar de un bosque con estas cualidades excepcionales. Es seguro que la casualidad tuvo mucho que ver, pero también fue importante el empeño e un fitopatólogo norteamericano, Filippo Gravatt, que peleó para que se reconociese su estatuto de lugar excepcional. En la actualidad, Catasós cuenta con la calificación de Monumento Natural, lo que le garantiza la máxima protección y que facilita que los visitantes puedan gozar de un reducto único en el que soñar con el pasado mítico de Galicia.

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