Fuciño do Porco, caminando sobre acantilados

La característica forma de la costa gallega, abrupta, cortada y llena de entrantes tallados por el mar durante milenios, permite la existencia de lugares mágicos como el Fuciño do Porco. Este enclave de curioso nombre (traducible como “nariz de cerdo”) se sitúa en el Ayuntamiento de O Vicedo, el más occidental de la costa de la provincia de Lugo, y se ha convertido en los últimos tiempos, y con razón, en uno de los lugares más visitados por los amantes de las caminatas.

La razón principal es la belleza del paisaje que atesora la ruta, perfectamente señalizada. El tramo final discurre prácticamente colgado sobre el mar, gracias a unas pasarelas que hacen del Fuciño do Porco (también conocida como Punta Socastro) una pequeña Muralla China sobre el Cantábrico. Ayuda también que el recorrido sea para casi todos los públicos, aunque hay que tener en cuenta algunas cosas antes de lanzarse a la aventura: para llegar al final hay por lo menos un par de cuestas bastante empinadas, superables por cualquiera mínimamente entrenado en el andar; hay que estar siempre pendiente de dónde se pisa, sobre todo en las pasarelas, y, más que nada, si la ruta se hace con niños; y, finalmente, que con frecuencia el viento sopla con fuerza.

La ruta comienza en la parroquia de San Román, bien conocida por sus amplias playas de arena fina. Para llegar al Fuciño do Porco hay que estar atentos al cruce indicado desde la carretera de la costa, la LU-862, que lleva a un pequeño aparcamiento en el que se debe dejar el coche. La primera parte del recorrido transcurre por una pista forestal de fácil tránsito. A la derecha, entre los árboles, se van dibujando las siluetas de la ría de Viveiro, con la hermosa playa de Area y la punta do Faro en primer término. En el interior de la bahía queda la pequeña ciudad vivariense, mientras que la capitalidad municipal de O Vicedo se sitúa varios kilómetros al oeste de San Román.

Al llegar a un alto comienza el descenso hacia la Punta Socastro y, con él, las pasarelas. Fueron construidas hace poco para llegar con más facilidad a la baliza marítima situada en el extremo norte. Pocas personas se acercaban hasta ahora al Fuciño do Porco (llamado así por su aspecto achatado en el mapa), y buena parte de lo que se ve alrededor es muy poco frecuentado incluso por los vecinos de la zona. La pequeña playa de Pereira, que luce hacia el oeste sus arenas grises, está casi siempre vacía y es de difícil acceso, por ejemplo. Las pasarelas atraviesan el escarpado istmo que une la costa con la punta del cabo, al que se llega a través de una pronunciada rampa hacia abajo.

La vista desde la baliza es sorprendente. El Cantábrico se abre hacia el norte batiendo con fuerza en las rocas de la Punta Socastro. Al oeste se contemplan las brutales moles de granito de la isla Coelleira y la punta Cameiro, en primer plano, y la Estaca de Bares por detrás. Hacia el este, la recortada costa del Concello de Xove, con la punta Roncadoira destacándose. Y, si se mira hacia tierra, se podrá ver el camino recorrido y las pasarelas del Fuciño do Porco retorciéndose sobre sí mismas para salvar el desnivel de un lugar felizmente redescubierto en la costa norte de Lugo.

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