Estaca de Bares, divisoria de dos mares

Como un puñal atravesando las aguas, Estaca de Bares divide en dos el océano, el Atlántico a un lado y el mar Cantábrico al otro. Cada cabo de los que posee la costa gallega tiene su espíritu distintivo y este no es una excepción, por paisaje y por historia.

Estaca de Bares es el lugar más al norte de toda la Península Ibérica y uno de esos puntos geográficos clave que estudian todos los escolares de España. Pertenece a Mañón, un municipio situado a la orilla del río Sor y lleno de enclaves naturales de gran belleza y de pequeñas villas como O Barqueiro o Bares, que conservan todo el encanto de las localidades marineras de antes.

El cabo, frecuentemente azotado por el viento del nordés, es un auténtico santuario para las aves. Cientos de miles de ellas (alcatraces, pardelas, gaviotas, cuervos marinos…) viven aquí o utilizan la zona como paso en las migraciones. A ambos lados de esta divisoria de mares se extiende una costa abrupta y salvaje. Mirando hacia el norte, a la derecha quedará la ría de Viveiro; a la izquierda, la de Ortigueira, con el cabo Ortegal, en tantas cosas semejante a la Estaca, cerrando la línea del horizonte. En el extremo del cabo se encuentra el faro, una estructura edificada en 1850, la época en la que se empezaron a tomar medidas para paliar la bravura de la costa norte gallega. A su pie nacen varios caminos que llevan prácticamente a la orilla del acantilado, pasando junto a una vieja torre de señales. Un viento fuerte, de indescriptible aroma salado, está garantizado.

Cerca del faro, caminando hacia el este por la estrecha carretera costera, unos edificios abandonados llaman la atención al viajero. Se trata de la llamada base americana de Bares, en realidad una estación emisora del sistema de navegación LORAN, precursor del GPS y guía de los barcos y aviones militares estadounidenses durante decenios. La base funcionó entre 1961 y 1991 y sus habitantes, los soldados primero de las fuerzas aéreas y después de la US Navy, fueron los introductores en la zona de símbolos de la modernidad como los pantalones vaqueros o la música rock. Su huella aún se recuerda en muchas localidades de la zona, de Ortigueira a Viveiro.

Aún un poco más allá, apartado de la carretera que une el faro con Porto de Bares, se encuentra otro edificio, conocido como “el semáforo”. Se trata de un antiguo puesto de observación y de señalización desde el que, en el siglo XIX, se intentaba disuadir a los barcos mediante banderas del peligro que suponía acercarse a la costa. Hoy ha sido reconvertido en hotel.

Estaca de Bares aún guarda una sorpresa arquitectónica más, esta vez en su parte alta. Se trata de la conocida como Garita de Bares, un viejo puesto de vigilancia situado en la parte más elevada del cabo. Resulta algo complicado llegar a ella, pues se accede a través de una estrecha pista bastante rota, pero merece la pena intentarlo: las vistas desde allí son espectaculares, con el faro y la base americana en el extremo de la tierra, el mar rompiendo a ambos lados y los pájaros atravesando el aire a toda velocidad.

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