El Toxa y Carboeiro, naturaleza e historia en el corazón de Galicia

En apenas un par de curvas del majestuoso río Deza, el Concello de Silleda concentra dos de las localizaciones más hermosas del interior de la provincia de Pontevedra. Una, la cascada del río Toxa, ha sido excavada por el agua y el tiempo en uno de los afluentes de la corriente principal; la otra, el monasterio de Carboeiro, lo fundaron los monjes hace más de mil años y permanece como testimonio de la pujanza de una comarca fértil en historia.

El río Toxa, que fluye entre paredes desde las montañas de Forcarei, se precipita sobre sí mismo cuando llega a las parroquias silledenses de Pazos y Martixe. Alcanzar la cascada es muy fácil desde la carretera N-525, que une Santiago de Compostela con Ourense. A la altura de la población de Bandeira hay que tomar el desvío en dirección a Merza y Vila de Cruces, y después estar atentos a la señalización. El coche se puede dejar en un pequeño aparcamiento a unos cientos de metros de la cascada, a la que se llega bajando por una ancha pista forestal. Al regreso la subida puede hacerse algo dura, pero valdrá la pena después del espectáculo natural que se va a presenciar.

Y este espectáculo no es otro que el de la considerada cascada más alta de Galicia. El río, encajado entre paredes de granito, cae sobre unas pozas haciendo un enorme estruendo y formando nubes de vapor que colorean el aire al cruzarse con la luz. En esta parte de Galicia existen varios lugares en los que la flora más común en los montes del noroeste (robles, castaños) se mezcla con otras especies quizá más propias de climas cálidos o mediterráneos (alcornoques, madroños) y otras propias de la vegetación de ribera (sauces o fresnos). Ocurre aquí, al pie del Toxa, y también en entornos naturales como los cercanos Sobreirais (alcornocales) do Arnego. Un poco más abajo de la cascada del Toxa se retuerce entre las piedras antes de desembocar definitivamente en el Deza.

Aguas arriba de este último río se encuentra el monasterio de San Lourenzo de Carboeiro, totalmente rodeado por una curva de agua. Abandonado por completo a mediados del XIX después de la llamada “desamortización”, su vacío interior es sobrecogedor. No quedan del antiguo cenobio más que sus estructuras, el sol que lo invade y el polvo de un milenio. La iglesia, totalmente exenta de muebles y otros elementos, es especialmente hermosa: altas columnas con capiteles vegetales soportan las bóvedas, construidas en los siglos XII y XIII a caballo entre el románico y el gótico. La restauración reciente del recinto permite tanto bajar a la cripta como subir a las torres, un ascenso trabajoso pero imprescindible. Desde arriba se puede entender la estratégica situación de la comunidad monacal, fundada, en el siglo X y protegida por las aguas del Deza en tres de los cuatro puntos cardinales.

Saliendo del monasterio, a mano derecha, se puede tomar un camino, también fácil de andar, que nos llevará al mismo pie de la corriente. El río se atraviesa aquí cruzando el llamado Puente del Diablo (Ponte do Demo), que une los concellos de Silleda y Vila de Cruces y recibe su nombre de viejas leyendas que sitúan a Lucifer como autor de la obra. Tradiciones aparte, el puente es una construcción magnífica, con un único arco alto y perfecto sobre el Deza, el río central de una fértil comarca en el corazón de Galicia.

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