El pergamino Vindel en el Museo del Mar de Vigo

“Ondas do mar de Vigo, se vistes meu amigo? E ai Deus!, se verra cedo?” (Olas del mar de Vigo, ¿habéis visto a mi amigo? ¡Ay, Dios! ¿Vendrá pronto?). Estos son probablemente los versos más conocidos de la lírica gallego-portuguesa medieval. Los escribió en el siglo XIII Martín Códax y están contenidos en uno de los grandes tesoros de la literatura gallega de todos los tiempos, el pergamino Vindel. Este cancionero puede contemplarse hasta el mes de marzo en el Museo del Mar de Vigo, un espacio que ya por sí mismo merece una visita.

El Vindel conecta a la cultura gallega con lo que fue su pasado más brillante. Durante el siglo XIII varios trovadores y segreles como el propio Martín Códax, Alfonso X el Sabio, Don Dinís, Airas Nunes o Pero Meogo compusieron docenas de cantigas que tuvieron gran repercusión entre los poetas de media Europa. Estas composiciones se recogían en códices como el ahora expuesto en Vigo.

Pero el Vindel tiene una característica que lo hace único, más allá de la hermosura y la calidad de los versos de su autor: además de la letra, el copista anotó la música que debía acompañar a los poemas. La historia del cancionero es bien curiosa, pues fue un librero madrileño, Pedro Vindel, quien en 1914 encontró el códice envolviendo un libro de Cicerón del siglo XIV. Vindel le mostró las cantigas a Víctor Said Armesto, experto en literatura medieval, que confirmó la autenticidad y trascendencia de las siete cantigas contenidas en el pergamino.

El librero lo vendió años después y el pergamino Vindel inició un peregrinar que lo llevaría en manos privadas primero a Suecia y finalmente a la Morgan Library de Nueva York, donde se conserva desde 1977. De allí partió por unos meses para regresar a la tierra en la que se compuso y de la que hablan sus canciones. Esta es, por lo tanto, una ocasión única para ver un fragmento clave de la historia de Galicia.

El pergamino contiene siete composiciones y la muestra del Museo do Mar de Vigo se basa en cada una de ellas para dividir la experiencia. Acompañado de otras piezas literarias medievales y actuales,el Vindel es la excusa perfecta para explorar cómo era la sociedad en la época en la que fue escrito. La exposición consta de más de cincuenta esculturas sagradas, restos arqueológicos, pinturas y otros documentos que transportan al visitante a una ría de Vigo muy diferente de la actual, pero igualmente rica y viva.

La exposición sobre el pergamino Vindel es una gran ocasión para visitar el Museo do Mar vigués, un edificio singular desde su concepción. Diseñado por los arquitectos Aldo Rossi, inicialmente, y César Portela, aprovecha parte de la antigua fábrica de conservas Alcabre-Molino de Viento, del siglo XIX, integrándola en una serie de edificios que toman su inspiración de la nave industrial antigua. A través de la exposición permanente es posible conocer cómo el océano marcó la vida diaria de esta parte de Galicia, de las primeras formas de pesca a la industrialización actual, de las técnicas sencillas con las que se recogía el pescado hasta no hace tanto a los grandes barcos congeladores y las modernas tecnologías de envasado y conserva, en las que Galicia sigue siendo puntera.

El conjunto se encuentra pegado al mar, a una pequeña playa en la que aún trabajan los pescadores como antaño. Uno de sus mayores atractivos, que hará las delicias de los más pequeños, es su acuario, en el que se pueden ver las especies que pueblan el fondo marino de la ría: sargos, congrios, rodaballos, sardinas o lenguados comparten hábitat con bogavantes, centollas y estrellas de mar, demostrando la riqueza del “mar de Vigo” al que Martín Códax lanzaba, hace 800 años, preguntas imposibles de responder.

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