El Pasatempo y el sueño de los García Naveira

A los indianos, aquellos emigrantes a las Américas que hicieron fortuna en el siglo XIX y principios del XX, hay que reconocerles muchos de los avances que experimentó Galicia en una época especialmente gris de su historia. Fueron ellos los que construyeron parte de las escuelas, principalmente del rural, los que colaboraron con las fortunas acumuladas en ultramar al progreso económico del país y, también, los que abrieron los ojos a una población depauperada a las maravillas del mundo.

Esto último es especialmente cierto en el caso de los hermanos Juan y Jesús García Naveira. Nacidos a mediados del XIX, siendo apenas unos chicos, se marcharon de Betanzos hacia Buenos Aires, donde fundaron varios negocios y amasaron un capital apreciable. Lejos de olvidarse de su villa natal, estuvieron siempre muy ligados a ella. Financiaron la creación del asilo de ancianos y de escuelas infantiles, pagaron lavaderos, instituciones para el cuidado de discapacitados… Y proyectaron una de las obras más extravagantes de su época, el inconfundible Parque do Pasatempo.

El Pasatempo se eleva en las afueras de Betanzos como un recuerdo de la intención de los García Naveira de ilustrar a los betanceiros. Quería ser un resumen acelerado de todos lugares, de todos los animales, de todos los saberes del mundo. La instalación se inició por iniciativa de Juan, que volvió a Galicia antes del cambio de siglo, mientras su hermano se quedaba en América al cargo de los negocios familiares. El Pasatempo se fue haciendo poco a poco hasta ocupar nada menos que 90.000 metros cuadrados.

En la actualidad se puede visitar parte de lo construido, y la experiencia es fascinante. El Pasatempo cuenta con versiones en miniatura del estanque del Retiro madrileño, las pirámides de Egipto, la mezquita de El Cairo o la boca del infierno de Bomarzo. Hay también una casa de espejos, un invernadero, innumerables paneles explicativos sobre momentos clave de la historia de América Latina, un delicioso “árbol genealógico del capital” con un diagrama sobre cómo hacer fortuna, relojes para conocer la hora en cualquier ciudad del planeta, y también representaciones gráficas de inventos que en aquel momento eran revolucionarios como el aeroplano o el funicular, y retratos de animales exóticos. Buena parte de lo que había (bustos de emperadores romanos y de papas, leones de mármol…) se perdió durante el siglo XX.

Agujereando la loma sobre la que se asienta el parque hay una red de túneles subterráneos que comunican la parte alta (coronada por un enorme león-mirador) con la reproducción del estanque del Retiro, a través de una serie de cavidades llenas de sorpresas en forma de estalactitas y animales fantasiosos, reproduciendo una suerte de infierno que hará las delicias de los paseantes más pequeños. No toda la red es visitable en la actualidad. En un territorio entre la realidad y la leyenda, se cuenta que los pasadizos atravesaban todo el parque hasta llegar hasta el mismo centro de Betanzos, a las iglesias el casco viejo o la casa de Juan García Naveira, aunque nadie los ha encontrado.

Precisamente frente a esa casa, en el Campo da Feira (hoy renombrado como Praza Irmáns García Naveira), se levanta una curiosa estatua de los dos filántropos en la que uno de ellos habla por teléfono. Según la colocación original de las esculturas en el parque, estaría llamando a la estatua de la Caridad Romana (que hoy sigue al lado del Pasatempo), que amamanta a un pobre con su propio pecho, indicándole que en Betanzos el lugar para el desgraciado era el asilo… que los propios García Naveira habían construido. Dos personalidades fascinantes, sin duda.

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