El monasterio de Oseira y la Pena Veidosa

Ursaria, la Tierra de los Osos. Este viejo topónimo acude más de una vez a la cabeza cuando se recorren los alrededores del Monasterio de Oseira. Este cenobio, uno de los más espectaculares de Galicia, guarda en su entorno mucho más que arte y religiosidad: los montes de la Serra de Martiñá que la rodean preservan una biodiversidad que retrotrae a los tiempos de los monjes medievales.

Oseira se ve observada día tras día por la cumbre severa de la Pena Veidosa, un monte de 1.000 metros de altitud declarado Lugar de Importancia Comunitaria y recorrido por varios senderos. Son en conjunto más de 2.000 hectáreas protegidas en el corazón de la Dorsal Galega, a caballo entre el municipio de Cea, en el que se encuentra en monasterio, y el de Carballedo. Su integración en la Red Natura 2000 se debe a la importancia de la flora y la fauna que se guarece en estas lomas, ocupadas en la mitad de su extensión por monte bajo.

La erosión producida por el viento, que sopla sin freno en las alturas de la sierra, ha dejado en las zonas altas un paisaje característico marcado por los arbustos y los enormes bolos de piedra granítica que recuerdan en muchos casos a los volúmenes de un castillo medieval. Entre los matorrales de monte bajo, el visitante puede observar, si tiene fortuna, a animales tan típicos de la fauna gallega como corzos, codornices, salamandras o ciervos volantes, poco frecuentes en otros montes; y, en el cielo, los halcones volando en busca de presas.

La riqueza paisajística de la Pena Veidosa es el contrapunto perfecto para el esplendor patrimonial del Monasterio de Oseira, que lleva siendo centro espiritual y económico de la zona desde hace casi un milenio. El cenobio fue fundado en 1137 por un grupo de monjes que buscaban la soledad en las abruptas laderas de estas montañas. El propio topónimo indica que el lugar fue escogido por la inaccesibilidad: “ursaria”, palabra de la que deriva el actual Oseira, habla de un territorio en el que se escondían en tiempos los osos, “ursus” en latín.

Oseira es un prodigio arquitectónico del estilo cisterciense. La iglesia es de comienzos del siglo XIII. La sala capitular, ya del XV, tiene una estructura de esas que, una vez vistas, jamás se olvidan, sostenido el techo por columnas nervadas de fustes que se retuercen sobre sí mismos y coronados por arcos vegetales, casi exóticos. La congregación vivió una época de esplendor en los siglos finales de la Edad Media, para después, llegada la Moderna, encadenar una serie de desgracias que estuvieron a punto de clausurarla. En 1552 un espantoso incendio dañó gravemente todos los edificios, salvo la iglesia, y llegó a pensarse en trasladar el cenobio a otro lugar.

Sin embargo, los distintos abades consiguieron financiación (incluso recurriendo a la Corona) para reconstruir el centro, dotándolo del robusto aspecto actual. Los hermosos claustros son proyectos llevados a cabo entre los siglos XVI y XVIII, siguiendo los estilos arquitectónicos de cada época. Prácticamente abandonado desde la Desamortización de comienzos del XX, no fue hasta los años sesenta del siglo pasado que se empezó a restaurar sistemáticamente esta maravilla.

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