Apalpador

El Apalpador, una tradición de la Navidad gallega

Muchos niños y niñas de hoy ya no tienen que elegir entre Papá Noel y los Reyes Magos a la hora de pedir regalos de Navidad: mientras que el fornido personaje del norte les deja juguetes en Nochebuena, los Magos de Oriente acuden puntuales a su cita entre el 5 y el 6 de enero, los pequeños gallegos tienen aún más suerte: cada 31 de diciembre les visita el Apalpador, un personaje de la tradición de la montaña felizmente recuperado y cada vez más conocido en toda Galicia.

Esta es una de esas tradiciones autóctonas que, por fortuna, han revivido en los últimos tiempos, tras muchos lustros de olvido. Ocurre con ella lo mismo que pasó con celebraciones como el Samaín: la fiesta de las calabazas y los muertos, de raíz celta, era hace años apenas recordada por los mayores y ahora se ha convertido en una de las fechas más esperadas por los niños y niñas de toda la Comunidad, en parte por el trabajo de recuperación hecho por colectivos e instituciones y también por el tirón de otros acontecimientos similares y de origen parecido, como Halloween.

En el caso del Apalpador, hace una década su figura se recordaba poco más que en las montañas del este de Lugo. La zona del Courel y los Ancares, llena de valles aislados y de brava belleza, conserva auténticos tesoros etnográficos poco conocidos incluso por el resto de Galicia, como es este caso. Historiadores como José André López describían entonces al personaje contando que “mora en las dehesas dedicado a hacer carbón, un gigante que usa boina, chaqueta desharrapada y con remiendos, fuma en pipa y se alimenta con bayas salvajes y de jabalíes”. Baja del monte en la noche del 31 de diciembre y aprovecha que los niños y niñas están dormidos para palparles la barriga y saber así si tienen hambre o no, y les regala un puñado de castañas. Los testimonios de muchos mayores que recuerdan las visitas de este personaje fueron la base para el renacer del mito.

Su descripción (un hombre grande, no muy aseado, bondadoso y que vive en el monte) lo emparienta con otras figuras de la Navidad de lugares próximos. Como, por ejemplo, con el Olentzero vasco, con quien comparte indumentaria y profesión, pues los dos viven aislados y dedicados a hacer carbón vegetal. Simbolizan ambos el final del año, la ruptura con el tiempo viejo que va a acabar y el nacimiento de una nueva época.

Asociadas a la llegada del también llamado Pandigueiro se recuerdan algunas canciones con las que los mayores intentaban calmar los nervios de los pequeños en la noche de su llegada, y que ahora se cantan en muchas escuelas, con versos como “ve entonces mi niñito, vete ahora a la camita, que va a venir el Apalpador a palparte la barriguita”. Fruto de la recuperación de este mito popular han surgido, además, numerosos libros infantiles, discos u obras de teatro en los que se explica quién es este gigante y que tienen especial éxito en tiempo de Navidad, como es lógico.

Hoy en día el Apalpador les trae a los peques algo más que castañas, y es la ocasión para que aparezcan a los pies de la cama juguetes, ropa o chucherías. Así que ya sabes, si en el inicio del nuevo año estás en Galicia y encuentras en tu cuarto  regalos o castañas, no pienses mal de tus vecinos: ha sido el Pandigueiro que ha venido el visita.

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