Castro Caldelas, una villa alrededor de un castillo

La Asociación de los Pueblos Más Bonitos de España amplió hace unas semanas su lista de villas destacadas por su hermosura y cuidado. Entre las nuevas incorporaciones están dos localidades gallegas, la lucense Mondoñedo, cuna de escritores como Álvaro Cunqueiro y Leiras Pulpeiro y poseedora de una espectacular catedral; y la pequeña localidad de Castro Caldelas, en la provincia de Ourense, un lugar a medio camino entre dos A Ribeira Sacra, Terras de Trives y el Macizo central ourensán.

Esta situación geográfica privilegiada hizo que la práctica totalidad de los pueblos que han pasado por Galicia a lo largo de la historia hayan dejado su huella aquí. El mismo nombre del pueblo habla de su importancia en la época castrexa, e incluso con anterioridad, dada la gran cantidad de petroglifos y dólmenes que se concentran en el entorno.

Con todo, fue la Edad Media la que configuró a Castro Caldelas como hoy la conocemos… y como es fácil de comprobar en cuanto se ve la localidad a lo lejos. Un consejo: si es posible, es muy recomendable llegar por la carretera que asciende desde el Sil, una pronunciada subida con la torre vigilando los últimos kilómetros del recorrido. El espectacular castillo data del principios del siglo XIV y formaba parte del patrimonio de la Casa de Lemos. Durante la Revuelta Irmandiña, entre  1467 y 1469, sufrió como tantos otros recintos fortificados la ira de los campesinos levantados, que lo derribaron en parte, aunque la victoria final de los señores los obligó a reconstruirlo. A finales del siglo XVIII pasó a manos de la Casa de Alba, ya convertida en residencia noble. Durante la Guerra de Independencia en 1808 la torre fue incendiada por las tropas francesas, y ya a finales del XX la Casa de Alba cedió su uso al Ayuntamiento.

En la actualidad, convertido en centro de interpretación de la comarca, se puede visitar en su totalidad y es una clase maestra de cómo se construían los castillos en su época, con gruesos muros delimitando el contorno, un patio central con pórticos y la alta torre de homenaje dominando a un lado las altas montañas del Macizo central ourensán y al otro las tierras que bajan hacia el Sil. Castro Caldelas tuvo, además, una especial relevancia en la historia de Galicia. Con la fortaleza y los monasterios de San Xoán de Camba y San Paio de Abeleda como protagonistas de la vida diaria, los siglos del medievo fueron aquí especialmente fecundos. A principios del XIII el rey Alfonso IX le concedió privilegios firmando el llamado Foro del Burgo de Castro Caldelas, de 1228, que pasar por ser una de las primeras expresiones escritas del idioma gallego.

El mes de enero es especialmente adecuado para visitar Castro Caldelas. Los montes que rodean el pueblo están habitualmente coronados de nieve, lo que les añade belleza y, además, la localidad acoge una de sus fiestas más tradicionales, la Festa dos Fachós (antorchas). Se celebra el día 19, en vísperas de San Sebastián, y en ella los vecinos caminan en procesión desde la iglesia de Os Remedios y alrededor del castillo portando grandes antorchas encendidas iluminando la oscuridad de la noche. La celebración es una excusa perfecta para pasear por las calles estrechas y retorcidas, plenamente medievales, y contemplar las galerías de madera que adornan muchas de las casas más antiguas. Si, por causa de la meteorología propia del invierno, a medio paseo te ataca el frío, no sufras: en cualquier cafetería de la villa podrás calentarte con un café y un pedazo de la sabrosa bica que elaboran en las panaderías locales, una variedad del bizcocho dulce y esponjosa que aviva el espíritu.

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