Campo Lameiro, un museo de la Edad de Bronce al aire libre

Si Galicia es un museo repleto de petroglifos, Campo Lameiro es su sala más afamada. O una de las más afamadas, por lo menos. Enmarcados en el Parque Arqueolóxico da Arte Rupestre (PAAR), en esta zona del centro de la comunidad se pueden encontrar algunos de los grabados prehistóricos más grandes, logrados y llamativos de toda Europa, como en una enorme pintura de metros cuadrados de extensión, en la que se puede entrever cómo vivían los gallegos antes de la llegada de los romanos.

El PAAR se encuentra en el municipio pontevedrés de Campo Lameiro, un pequeño ayuntamiento de la provincia de Pontevedra de menos de 2.000 habitantes y situado en el curso alto del río Lérez. Conocidas desde hace mucho tiempo, la protección de las obras de arte rupestre situadas en su entorno comenzó con el siglo XXI, y cuajó con la inauguración en 2011 del PAAR. El Parque se abre con un espectacular edificio, moderno y funcional en el que se contiene una exposición que es conveniente visitar antes de proceder a caminar hacia las diferentes “estaciones”.

Porque este es el nombre que recibe cada uno de los afloramientos rocosos en los que el ser humano fue dejando su huella en estas latitudes. Son cerca de una docena los puntos repartidos por una ruta de aproximadamente tres kilómetros de longitud, fáciles de caminar y muy bien señalizados. En el recorrido hay numerosos lugares en los que el visitante se puede detener para ver los grabados, excepcionalmente conservados. En algunos casos, los autores trazaron enormes siluetas de ciervos, caso de la gran Laxe da Forneiriña o de la Laxe dos Carballos; en esta última, el animal principal aparece atravesado por varias lanzas e incluso parece tener una cuerda atada al cuello, en una representación de una escena de caza de gran viveza.

En otras estaciones los grabados se multiplican, en composiciones en las que parece haber miedo al vacío, y se suceden trazas geométricas, círculos concéntricos, laberintos e incluso personas a caballo. Es el caso de piedras como la del Outeiro dos Cogolludos o la de la Fonte da Pena Furada. Ante cada una de las estaciones, los técnicos instalaron un panel explicativo en el que también están dibujados los petroglifos que se pueden contemplar. Es de una ayuda considerable, teniendo en cuenta que algunas de las formas se han ido deteriorando por el simple paso del tiempo o por el descuido de los humanos. Además, el impacto de la luz sobre las piedras hace que a veces sean difíciles de distinguir algunos grabados: la primera hora de la mañana y el atardecer, cuando los rayos del sol caen oblicuos sobre la tierra, son los mejores momentos para ver estas obras de arte milenarias.

La visita se completa con la recreación de un poblado de la Edad de Bronce que permite conocer un poco más de cerca cómo se vivían hace 4.000 años en esta zona de Europa. Cercados, zonas de almacenamiento y viviendas han sido edificados en materiales y con técnicas disponibles en aquel momento, reproduciendo la existencia cotidiana. Más de 15.000 personas visitaron el año pasado este museo al aire libre, una experiencia muy recomendable tanto para niños como para adultos, que se sentirán transportados cuatro milenios en el tiempo.

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