Camiño do Ferradal junto al río Soldón

El ayuntamiento de Quiroga es un territorio especial para quien gusta del interior de Galicia. El municipio se encuentra a medio camino entre dos de las zonas más hermosas del país: la Ribeira Sacra y O Courel. Así, comparte los paisajes de cañones fluviales propios de la primera de las áreas, fundamentalmente alrededor del ubicuo río Lor (famoso entre otras cosas por la excelencia gastronómica de sus truchas); y abre las puertas al terreno montañoso y escarpado de la segunda. La ruta que hoy proponemos, a la vera del río Soldón, refleja perfectamente el paso entre estas dos geografías.

El Soldón es un río pequeño, pero matón. Baja de O Courel haciendo sitio entre las faldas del monte, saltando de roca en roca y esquivando una vegetación de intenso verdor. Lo hace con enorme fuerza en invierno y primavera, pues el desnivel que salva desde su nacimiento, a 1.160 metros de altura, y la desembocadura en el Sil es más que considerable.

Así, es conveniente pensar en hacer esta ruta en el mismo sentido que las aguas del Soldón. El trazado comienza un poco después de la Ferrería de Rugando, un antiguo edificio de pasado industrial reconvertido en casa de turismo rural. La herrería fue fundada por los monjes de Samos alrededor del siglo XVI, aunque en la actualidad apenas se conservan restos de la fábrica y lo que queda son las antiguas viviendas (con una espectacular lareira presidiendo el edificio) y la capilla (en cuya fachada aún se aprecian unas intrigantes decoraciones circulares).

Hacer el camino en sentido descendente no nos evitará un par de sofocos, pues el trayecto sube y baja junto a la corriente, y hay algunas ascensiones complicadas para quien no esté acostumbrado a las caminatas. En tiempo húmedo hay que tener cuidado de dónde se pisa: el firme es en muchas ocasiones de pizarra desnuda y puede resultar resbaladizo.

La ruta es conocida como Camiño do Ferradal, y emplea el recorrido de una antigua vía por la que se bajaban minerales desde las montañas. Recorrerlo muestra lo penoso que debía de ser el trabajo con los medios de transporte de hace un siglo, pero también la hermosura de un bosque poco transformado por los años. Buena parte del camino transcurre bajo los sotos de los que aún hoy se recogen castañas que están entre las más sabrosas de Galicia. Robles, fresnos y otras especies típicas del monte gallego rodean el camino, que se recorre siempre con el Soldón a la vista y su fiero rugido. Varios puentes de madera atraviesan los riachuelos que desembocan en la corriente principal (¡mucho ojo cuando el piso de madera está mojado!), y de vez en cuando se pueden ver antiguos sequeiros (secaderos de castañas) y alvarizas (construcciones tradicionales que sirven para proteger del mal tiempo a las colmenas de abejas, que aquí producen un miel excelente).

El Camiño do Ferradal une los lugares de Rugando, Paradapiñol, Paradaseca y Ponte Soldón, y en cualquiera de estas aldeas puede encontrarse una conexión con la carretera principal, al otro lado del río, por si las fuerzas aflojan o el tiempo corre inadvertidamente rápido en un lugar en el que admirarse ante la belleza natural de Galicia.

 

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