Burela: costa y castros

Situada en el centro geográfico de A Mariña lucense, Burela es una villa diferente, por historia y por vocación.  Se trata de una localidad de cerca de 10.000 habitantes que creció de forma exponencial en los últimos cuarenta años. La pujanza de su puerto, conocido principalmente por las capturas de bonito, hizo que en menos de medio siglo pasase de pequeña aldea de pescadores a vibrante centro industrial, con una de las dársenas más activas del Cantábrico, astilleros, hospital y numerosas empresas de servicios. También es característico su aspecto multicultural, marcado por la llegada de trabajadores tanto del resto de la comarca como de otros lugares de Galicia y de España e incluso del extranjero: la comunidad caboverdiana, instalada aquí desde hace decenios, cuenta por centenares a sus integrantes.

Burela es un pueblo muy enfocado al trabajo y al futuro, pero no carece de pasado, ni mucho menos. La zona oeste de la localidad, pegada al mar, es conocida como Os Castros por algo. En este entorno hubo no menos de dos asentamientos prerromanos (y otro más al este). Uno de ellos es fácilmente reconocible desde el paseo marítimo que une la playa urbana con la playa de A Marosa: observando bien la tierra aún pueden verse los trazados de antiguos muros defensivos, rodeando unas imponentes peñas desde las que, cuenta la leyenda, un túnel submarino conectaba con el castro de Fazouro, justo enfrente cruzando la bahía.

También en la punta del cabo Burela, accesible desde el paseo marítimo, hay restos de lo que en su día fueron estos asentamientos. A simple vista pueden observarse numerosas peñas excavadas, marcas y agujeros que nos transportan a un tiempo de rituales aún no comprendidos del todo. En esta zona apareció hace medio siglo uno de los tesoros más preciados que se guardan en el Museo Provincial de Lugo: el llamado torques de Burela, un grueso collar de más de un kilo de peso hecho en oro, de época castreña. La historia de cómo se encontró es bien curiosa: un labrador lo arrancó arando en su terreno y, cubierto como estaba de tierra, lo desechó pensando que era el asa de un caldero. La lluvia lavó la pieza y su brillo reveló al descubridor la verdadera materia de la que estaba hecho.

El paseo marítimo de Burela une las dos playas de la localidad. Situada en el centro de la villa, muy próxima al puerto, está la de Portelo o urbana, construida por el ser humano a finales del siglo pasado en lo que era simplemente costa rocosa. Bien rodeada de servicios y locales de hostelería, es una de las localizaciones más queridas por vecinos y turistas en verano. Tres kilómetros más allá, en dirección a San Cibrao, se encuentra la siempre brava playa de A Marosa, rodeada por un complejo deportivo. El paseo continúa recorriendo la costa norte y entrando ya en el municipio de Cervo, permitiendo vistas de los Farrallóns (pequeñas islas frente a la costa de Xove) e incluso Estaca de Bares.

Este recorrido a la orilla del Cantábrico es también un lugar ideal para contemplar, en el primer fin de semana de junio, la procesión marítima de las fiestas del Carmen, adelantadas para favorecer la salida estival de los barcos que pescan bonito.

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *