Santa María de Monfero, puerta de las Fragas do Eume

Para quien sólo conozca la belleza tranquila de las Rías Baixas, las Rías Altas gallegas le resultarán fascinantes. Mucho más estrechas, intrincadas y reviradas que sus primas del sur, los paisajes que formaron son totalmente distintos a los de las vegas del Ulla o del Umia. En especial uno de los ríos que forman estas Rías Altas, el Eume, se encaja y discurre con ferocidad entre las laderas que lo contienen,dificultando durante siglos el paso del ser humano y favoreciendo la aparición de un fabuloso entorno natural. En las puertas de esta floresta se encuentra el monasterio de Santa María de Monfero, un cenobio cisterciense que condensa en unos centenares de metros cuadrados buena parte de la historia de tan feraz territorio.

Su fachada es ya en sí un resumen de los principales materiales de los que está compuesto el suelo de Galicia. Santa María de Monfero es inconfundible por el patrón ajedrezado de la portada principal, una joya barroca del siglo XVII. El efecto ornamental se creó combinando los bloques de granito claro de los que se compone el resto del edificio con otros de pizarra negra. En medio de la severidad de las altas columnas corintias y los frontones triangulares, los cuadrados positivos y negativos parecen un afortunado juego para la vista del visitante.

Esta fachada barroca hace las veces de telón, cubriendo la iglesia original. La primigenia, románica del siglo XII, fue sustituida entre los siglos XVI y XVII por el edificio actual, de un barroco severo. Es un templo de grandes dimensiones, en el que la mirada del visitante se ve atraída hacia el ornato pétreo de los techos alrededor del monumental cimborrio.

Pese a que la mayor parte de lo que se ve es de la época de esplendor del convento, los arquitectos conservaron varias tumbas medievales hechas en piedra bajo las que reposan varios integrantes de la familia que dominó estas tierras durante buena parte de la Edad Media: los Andrade, señores de Pontedeume, Vilalba y Ferrol. Su huella queda aún patente en diversos monumentos de la comarca, como las iglesias góticas de Betanzos, el convento de San Agustín en Pontedeume o el fenomenal castillo de Nogueirosa, también en Pontedeume. En Monfero están enterrados Nuno Freire de Andrade, Fernán Pérez de Andrade y Diego de Andrade, armados y guardados por fieros perros pétreos.

El monasterio fue el centro del poder en la comarca durante siglos, y dan fe de ello los tres claustros con los que cuenta. El de la Hospedería es de estilo renacentista y conserva restos románicos; el Procesional, de la misma época, luce en su centro una hermosa fuente barroca; y el Claustro Dormitorio es de estilo barroco tardío y no llegó a rematarse: estando en obras, a principios del XIX, fue ocupado por tropas napoleónicas.

Para perder la noción del tiempo son los hermosos techos de la “chirola” o sacristía. Los huecos están adornados por un hipnótico patrón de estrellas, caras, formas vegetales y geométricas.

Santa María de Monfero es, además, una de las puertas al parque natural de las Fragas del Eume. El río fue excavando con el paso de los siglos un hondo cañón en torno al cual prospera la vegetación propia de los bosques atlánticos, antes abundantes en toda Europa y hoy reducidos a espacios protegidos como este. Tanto el monasterio de Monfero como el de San Xoán de Caaveiro, en la otra orilla del río, son testimonio de la atracción que este terreno, abrupto y de difícil acceso, tiene sobre los seres humanos desde hace milenios.

 

 

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