Ruta por Cabo Home y la Costa da Vela

Entre las rías de Vigo y Pontevedra, en el punto más occidental de la península del Morrazo, se encuentra la Costa da Vela. Se trata de un espacio natural de 1.400 hectáreas en el que se juntan paradisíacos arenales, dunas, pinares y unos enormes acantilados que dejan con la boca abierta a todo aquel que se acerca a descubrirlos.

De punta a punta, este trocito de costa no tiene más de seis kilómetros y medio, pero está lleno de atractivos que hacen que cualquier visitante un poco curioso quiera adentrarse en él y desee quedarse allí a vivir. De hecho, y desde hace algunos años, ostenta el título de Lugar de Interés Comunitario.

En el extremo sur de la Costa da Vela se sitúa Cabo Home con tres puntas, cada una con su faro. Entre ellas acogen una pequeña ensenada con la playa de Melide y protegen, ya en el interior de la Ría de Vigo, la sucesión de otros tres arenales: Barra, Viñó y Nerga, con unas dunas de formas poco comunes.

A un lado, un gran faro blanco, el que lleva el nombre del cabo en el que está situado y único rastro del ser humano en esa parte de la costa. A él se accede por un camino que, a pesar del incesante viento, es fácil de recorrer para cualquiera. De hecho, merece mucho la pena hacerlo, porque con sus más de 160 metros de altura, se trata de uno de los faros más altos de Galicia. Al otro lado, con un color rojo que tiende al granate, otro faro, el de Punta Robaleira, que sirve de contrapunto a un paisaje en el que el azul, el verde y el gris lo dominan todo. Y al fondo de ambos faros, las Cíes. El tercer faro, el de Punta Sobrido, se encuentra en la parte izquierda y más “escondida” de estas tierras.

Siguiendo nuestra ruta llegamos al Monte do Facho, antiguo castro y santuario galaico-romano del siglo III situado a 160 metros sobre el nivel del mar y que ofrece una vista privilegiada de las Islas Cíes y de las rías de Vigo y Pontevedra. Y es que en el Monte do Facho se alza una garita moderna pegada al castro que es, según dicen los que lo conocen, el mejor mirador de toda la provincia de Pontevedra. Los descubrimientos del alto de O Facho de Donón pusieron de manifiesto también un singular santuario, un “bosque de aras” compuesto por casi doscientas lajas consagradas al dios Berobreo. Además tiene fácil acceso: desde la localidad de Donón es una ascensión de aproximadamente treinta minutos. Y es, como decimos, el punto central elevado de la Costa da Vela donde las vistas panorámicas alcanzan su tramo más amplio. La palabra facho alude a la pequeña torre del siglo XVII construida con restos de aras romanas que pudo ser empleada como torre de vigilancia para avisar de los ataques de los piratas turcos.

Ya en la antigüedad este lugar asomado en salvajes acantilados sobre el mar era un lugar de peregrinación, pero la belleza de los miradores marinos junto con las playas y los yacimientos arqueológicos hace que siga siendo en la actualidad un destino natural con un formidable atractivo.

No podemos olvidarnos de destacar las numerosas especies que esconde esta zona, como la mariposa monarca, un insecto que fue encontrado aquí por primera vez en España. También es fácil encontrarse a cada paso con la famosa “herba de namorar” o “herba namoradeira”, origen de numerosas leyendas relacionadas con las “meigas” y los “feitizos”.

Como otros muchos lugares en los que ocurrieron tragedias, Cabo Home alberga también leyendas sobre monstruos causantes de naufragios. La más popular, y que todavía perdura gracias a la tradición oral, es de hace cinco siglos. Por aquella época, todos los pescadores que sobrevivían a la fuerza del mar en Cabo Home anunciaban que la mayoría de los barcos se hundían de manera extraña y que, durante el naufragio, se vislumbraban bajo el agua unos dientes afilados. Cuentan que un día oscuro de tormenta el monstruo marino salió del agua y amenazó con devorar a todos los habitantes de los pueblos de alrededor, pero un guerrero llamado Oridón decidió enfrentarse a él y, tras muchos intentos, terminó consiguiéndolo. Dicen que entonces el monstruo, agonizante, se hundió en el mar dejando sus púas fuera y que, poco a poco, se fue petrificando. Según la leyenda, hoy en día esas púas todavía son visibles y serían las rocas afiladas que hay junto al acantilado de Cabo Home. Se pueden ver, claro, pero como dice la gente de la zona: mucho cuidado con despertarlo…

Y qué decir del sonido del mar y sus olas desde aquí… Absolutamente hipnótico.

La Costa da Vela es un sitio que impresiona. De verdad.

 

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