Paseo romántico por el Pazo de Lourizán

Aunque es más frecuente asociar el ideal de belleza a lo nuevo, lo cierto es que también existe una belleza inherente en lugares antiguos e, incluso, abandonados. Muchos, aún cubiertos de musgo, vegetación y polvo desprenden un halo de magia que embauca a los que se atreven a visitarlos. Algo así ocurre en el Pazo de Lourizán, en Pontevedra, que se fue adaptando a los tiempos y las circunstancias en función de su utilidad para ser hoy uno de los lugares por descubrir de las Rías Baixas.

El edificio, que en un inicio fue habilitado como granja en el siglo XV -de la que se conserva el palomar- destaca sobre todo por haber sido residencia de veraneo de Eugenio Montero Ríos. Político y jurista gallego, que convirtió Lourizán en centro de referencia política y social de la época reuniendo a las personalidades más influyentes del momento. Fue también responsable de gran parte de la majestuosidad de la que goza el lugar hoy en día. Entre finales del siglo XIX y principios del siguiente, construyó -entre otras cosas- un palacio, un invernadero y unos espectaculares jardines que ya contaban con elementos de épocas anteriores, como un hórreo de 1798 y una fuente de 1804.

Con el tiempo, en los años 40, pasó a manos de la Diputación de Pontevedra que lo cedió, en 1943, al Ministerio de Educación para su uso como Centro Regional de Enseñanzas, Investigaciones y Experiencias Forestales. En 1946 pasa a ser Escuela Técnica Superior de Montes para finalmente constar hoy como Centro de Investigación Forestal integrado en la estructura de la Xunta de Galicia.

El centro, que vela por la protección, conservación y avance del patrimonio forestal de Galicia, se encuentra -al igual que el Jardín Botánico de Lourizán- en una finca de 52 hectáreas que componen el entorno del pazo. Un fastuoso edificio que a pesar de encontrarse abandonado, conserva el encanto de una época mejor. Eso sí, aunque se encuentre cerrado al público, el exterior no tiene desperdicio. Con una impresionante escalera imperial custodiada por estatuas, que se abre a los lados y vuelve a unirse, y la vegetación cayendo por sus paredes, el lugar conserva una magia que es muy fácil de apreciar en cada rincón.

Tras superar el asombro en el Pazo de Lourizán, no deberías irte sin recorrer su gigantesco jardín. Un espacio perfectamente cuidado y totalmente abierto al público que puedes conocer por tu cuenta y con mapa en mano (http://bit.ly/MapaLourizán ) o concertando una visita guiada (http://bit.ly/ContactoVisitasLourizán ). Zonas de árboles autóctonos como robles, castaños o abedules se combinan con otras destinadas al cultivo de especies foráneas como los cipreses, cedros, magnolias, plátanos y más.

Con todo, también descubrirás la presencia de una de las flores más apreciadas en Galicia, la camelia, que tiñe de un tono rosáceo los caminos que recorren el jardín. Si te quedas prendado de esta especie no deberías perderte la Ruta da Camelia, a la que pertenece el pazo.

Sin lugar a dudas, un escenario idílico en el que es difícil no sacar a relucir nuestra versión más romántica entre paso y paso.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *