Paisajes, historias y caprichos de la naturaleza en la costa camariñana de Reira

Recostada sobre el Atlántico, la península de Camariñas es uno de los lugares más emblemáticos y mágicos de la Costa da Morte. Las aguas que bañan sus costas y sus playas, las gentes que habitan sus pueblos y aldeas, y los acantilados y montes que se alzan sobre sus tierras atesoran historias de naufragios y de heroísmo, ejemplos de tradiciones seculares y reliquias que nos susurran la forma de vida de sus primeros habitantes.

 

Camariñas mira hacia el sur, hacia las protectoras aguas de la ría que comparte con el municipio vecino de Muxía. Pero también se asoma hacia el norte, hacia el peligroso oleaje del océano, un espacio convertido a la vez en fuente de vida para este pueblo de pescadores y en escenario de trágicos sucesos cuya huella aún permanece visible a modo de recordatorio de los peligros del mar y de homenaje a los que perdieron la vida. Y es allí, donde las olas golpean una franja de tierra que alterna arena y roca, donde podemos encontrar un espacio que aúna buena parte de los atractivos que han convertido Camariñas en un lugar de parada ineludible para todos aquellos que visitan la Costa da Morte.

 

Famoso por su encaixe de bolillos, el municipio tiene mucho más que ofrecer. Un buen ejemplo de ello es la zona de Reira, un espacio que se encuentra a medio camino entre los cabos Vilán y de Trece. Es este un lugar golpeado por el mar y por el viento, pero que nos regala varias playas de arena blanca (Area Grande, Area Longa, Pedrosa…) donde disfrutar del calor y de sus aguas en las jornadas veraniegas, pasear en cualquier época del año y contemplar sus fantásticas vistas. Hacia el oeste se alza la silueta de cabo Vilán y su emblemático faro, un edificio construido a finales del siglo XIX tras el trágico hundimiento del crucero británico Serpent, en el que fallecieron casi dos centenares de personas.

 

El faro nos recuerda la peligrosidad de la zona, pero nos regala también la vista con bellas estampas, especialmente al anochecer cuando la luz del sol comienza a desaparecer y a ser reemplazada por el potente haz artificial de la torre levantada sobre el cabo. Son muchos los que acuden hasta sus pies para contemplar ese espectáculo, pero desde la zona de Reira encontramos una panorámica diferente de la puesta de sol.

 

No es ese el único prodigio de la naturaleza del que podemos gozar en el lugar. El agua y las rocas también se alían allí para regalarnos auténticas obras de arte que hacen al espectador dudar si la naturaleza ha sido capaz de esculpir piezas de formas tan singulares. Es lo que ocurre cuando contemplamos la Pedra dos Namorados, dos moles que parecen fundirse en apasionado beso, o cuando descubrimos que quien bautizó con ese nombre a la Pedra do Oso le estaba haciendo justicia. Cuesta creer que el animal pétreo que se alza desafiante sobre las rocas no haya sido modelado por una mano humana. Su figura es uno de los puntos más fotografiados de Camariñas y atrae la atención de muchos curiosos y visitantes. Parte de su fama actual se debe a un curioso suceso ocurrido hace ahora 18 años, cuando la piedra desapareció misteriosamente de su morada habitual. Pocos días después de que los vecinos alertarán de la sustracción la figura fue localizada en A Coruña, ciudad hasta la que había sido transportada por una empresa para emplearla como ornamento de una nueva construcción. La Pedra do Oso regresó a Reira sin una de sus patas, pero el suceso sirvió para poner en valor este monumento natural.

 

En sus inmediaciones, pero un poco más alejadas del mar, otras piedras llaman también la atención de los visitantes, aunque en este caso no se trata de caprichos de la naturaleza, sino del legado de actividades desarrolladas por los antiguos habitantes de la zona. Es el caso de la Mámoa de Reira, un monumento funerario megalítico cuya construcción se remonta al período comprendido entre el Neolítico y la Edad de Bronce. Bajo el cúmulo de piedras y tierra reposan los restos de las personas que allí vivieron hace varios milenios. Más reciente es el Foxo dos Lobos construido no muy lejos de allí y que guarda el recuerdo de una práctica común de muchos puntos de Galicia, pero desaparecida hace más de un siglo. Se trata de dos paredes de piedra que convergen en un foso y que eran empleadas para capturar a los lobos que amenazaban el ganado.

 

Todos estos espacios están al alcance de cualquier persona que visite la zona y de aquellos que sigan el trazado de varios de los itinerarios que cruzan esa parte del litoral camariñán, como las rutas municipales Costa da Morte y Litoral, o la quinta etapa del Camiño dos Faros.

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