Os Batáns do Mosquetín, una puerta abierta a otra forma tradicional de aprovechamiento fluvial

Galicia es rica en ejemplos de aprovechamiento de la fuerza hidráulica de los ríos. Son muchos los molinos que a lo largo de los siglos fueron levantados a la orilla de los cauces para producir harina. En unos pocos lugares, además, se alzan otras estructuras que servían también para convertir el caudal de agua en energía con la que mover una ingeniosa maquinaria, pero que no estaban destinados a moler grano, sino a colaborar con la incipiente industria textil.

 

Estamos hablando de los batanes (también conocidos como folóns o pisones en algunos lugares), unas construcciones concebidas para tratar los tejidos de lana una vez que estos salían de los telares compactándolos y haciéndolos así más resistentes al mismo tiempo que se eliminaba el material sobrante. Hay constancia de que ya existían estructuras de este tipo en la Península hace casi 9 siglos y en Galicia las referencias toponímicas permiten entrever su presencia en puntos muy diferentes de nuestra geografía, pero son pocos los que se han conservado hasta nuestros días.

 

Uno de los ejemplos más destacados lo podemos encontrar en el municipio coruñés de Vimianzo, a los pies del río Grande, en un espacio que conjuga encanto natural con un gran valor histórico y etnográfico. Según explican los responsables municipales, se tiene constancia de la existencia de los Batáns do Mosquetín ya a mediados del siglo XVIII, puesto que aparecen recogidos en el Catastro de Ensenada, y se mantuvieron en uso hasta los años 60 del siglo pasado. Después de un par de décadas de abandono, a finales de los años 80 y gracias al esfuerzo de algunos vecinos y del movimiento asociativo de la zona comenzaron los trabajos de recuperación que acabarían por culminar, ya en los 90 tras la implicación activa de los poderes públicos, con la adquisición del recinto y a su musealización.

 

El complejo de O Mosquetín está formado por dos edificios en los que es posible contemplar tres batanes junto a cuatro molinos de maíz, dos de trigo y uno de salvado. Todos ellos se surtían del agua recogida en una presa próxima y conducida a través de canales hasta las instalaciones. En el caso de los batanes, la maquinaria está realizada íntegramente de madera y carece de clavos u otras piezas metálicas susceptibles de sufrir los efectos de la oxidación por el contacto con el agua. La rueda, que es movida por el agua; los mazos, que golpean el tejido, y la mesa, que sostiene los mazos y alberga las telas mientras son trabajadas, son las tres piezas fundamentales de estas ingeniosas máquinas que se completan con varios elementos más que ayudan a su sustentación y a transmitir la fuerza del agua.

 

En O Mosquetín no es posible solo ver en funcionamiento sus batanes, sino que también se puede contemplar una espectacular maqueta a escala de otro batán que al igual que los de Vimianzo se mantuvo activo hasta tiempos no muy lejanos. José Ramón Ces Ces, dueño de los Batanes de Servia (Lousame) decidió construir esa pieza en los años 70 para preservar la memoria de la maquinaria que había estado en funcionamiento hasta el año 1960 e incluso confeccionó un cuaderno con ilustraciones y los nombres y las medidas de las piezas para permitir que en el futuro se pudiese saber cómo funcionaban. En la actualidad, su maqueta es un atractivo añadido del recinto de O Mosquetín, un lugar que invita a conocer un poco más de nuestro pasado, pero que también nos abre las puertas de un bonito espacio natural acondicionado para el disfrute de las familias.

One thought on “Os Batáns do Mosquetín, una puerta abierta a otra forma tradicional de aprovechamiento fluvial

  • el 4 mayo, 2020 a las 22:43
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    GALICIA encantadora…..se merece visitar todos estos sitios y gozar de las vistas y de su historia, edificios historicos…..y demas…

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