La luz que ilumina las ruinas del Castelo da Lúa de Rianxo

‘Ondiñas veñen ondiñas veñen

ondiñas veñen e van

non te vaias rianxeira

que te vas marear.‘

Lo extraño sería no recordar esta canción popular si hablamos de Rianxo. Un pequeño pueblo costero de la provincia de A Coruña que, entre otras cosas, fue la cuna de autores de gran relevancia para la literatura gallega. Manuel Antonio, Rafael Dieste y, sobre todo, Alfonso Daniel Rodríguez Castelao, son los nombres que sitúan en el mapa a esta localidad. Por supuesto, esto no es lo único destacable, ya que Rianxo cuenta con un enorme patrimonio histórico como el casco (o cuenco) de oro que se puede encontrar en el Museo Arqueológico Provincial o las ruinas de un antiguo castillo -posiblemente- construído por Paio Gómez Charino en el siglo XIII que conserva, todavía hoy, la magia de una historia de amor truncada por los caballeros templarios.

Aunque no se cuenta con demasiada información sobre esta fortaleza, se conoce que perteneció a la Orden del Temple para después pasar a la Mitra Compostelana. Desde entonces, entre derribos y reconstrucciones, el conocido como Castelo da Lúa permanece en estado de ruina desde aproximadamente 1.532. Y a pesar de que algunos de los materiales que componían el fuerte se reutilizaron en la construcción de la Iglesia de Santa Comba de Rianxo, en la actualidad poco rastro queda de esta estructura defensiva.

Cuando el castillo pertenecía a la Orden del Temple, entre una de las tantas peleas y enfrentamientos con el antiguo señor feudal propietario, los caballeros consiguen secuestrar a su hija. La casualidad quiso que en ese momento también se encontrase retenido uno de los caballeros a disposición del antiguo señor feudal. Lo habían encarcelado después de defender el honor del señor y de la muchacha, de la que estaba profundamente enamorado.

A lo largo del encarcelamiento, según la leyenda, la chica dedicaba todo su tiempo a cuidar al malherido caballero, despertando así la compasión del templario encargado de vigilar su estancia en la fortaleza. Hasta que finalmente una noche,  con la ayuda del ‘guarda’, los enamorados consiguen escapar por los pasadizos que conducían hasta la playa, donde les esperaba un bote.

En el intento de huída, los militares templarios daban la voz de alarma y, mientras el caballero procuraba proteger con el cuerpo el de su amada, comenzaban a disparar las flechas impactando de lleno contra el pecho del joven, que fallecía en el acto. Al día siguiente, los cuerpos de los dos muchachos aparecieron abrazados en la orilla, tras haber volcado su embarcación. Desde entonces todas las noches, los rayos de luz de la luna, iluminan y velan por la sepultura de los enamorados allí enterrados por los templarios.

Hoy en día, recordar y recrear la historia es sencillo. En nuestra visita a Rianxo, podemos empezar por recorrer el arenal de la playa A Torre, llegar hasta el Parque de la playa A Torre y echar un vistazo a la escultura en honor a Xosé María Brea Segade y finalmente, cruzar el río Te gracias a la pasarela de madera que nos acerca hasta las ruinas del castillo.

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