Historia y romanticismo en los Jardines de San Carlos

Después de un paseo por la explanada del Parrote, la visita al Castelo de San Antón y la toma de contacto con la historia de la ciudad en el Museo Arqueológico e Histórico de A Coruña, es imprescindible hacer una parada para desconectar y contemplar las vistas que ofrecen los Jardines de San Carlos. Un lugar tranquilo e ideal para relajarse entre oárboles centenarios sin alejarnos demasiado del centro de la ciudad.

Aunque fue construido inicialmente (s. XIV) como fortaleza defensiva, con el paso de los años ha ido variando su funcionalidad. Y es que, ya en 1834, el por aquel entonces gobernador de la plaza Don Francisco de Mazarredo lo transformó en lo que es hoy, un evocador jardín romántico con vistas al puerto y a la costa de la ciudad.

Uno de sus puntos más destacables es el monumento fúnebre en honor al general británico que participó en la Guerra de la Independencia junto a las tropas españolas, Sir. John Moore. Un alto mando del ejército inglés que fue enviado a nuestro país en 1808 para expulsar del territorio a las tropas napoleónicas y que, aunque falleció a causa del impacto de una bala de cañón en la Batalla de Elviña, su muerte en primera línea de fuego y el reembarque de su ejército fue reflejado como una auténtica victoria. Con todo y a pesar de los esfuerzos, no consiguió evitar que las tropas francesas tomaran la ciudad.

Junto al elegante monumento se encuentran además distintas lápidas y carteles en homenaje a Moore, como es la poesía de Rosalía de Castro en la que lamenta lo lejos que sus restos están de su país natal.

¡Cuan lonxe, cánto, das escuras niebras,

dos verdes pinos, das ferventes olas

que o nacer viron, dos paternos lares,

do ceo da patria que o alumóu mimoso,

dos sitios, ai, de seu querer; qué lexos

viu a caer baixo enemigo golpe

pra nunca máis se levantar, coitado!

(…)

Reconocimientos que se entremezclan con un jardín lleno de especies de árboles tanto autóctonos como exóticos que envuelven a los paseantes que se acercan hasta este punto en un ambiente casi novelesco. Por supuesto, mención aparte se merecen los dos árboles centenarios que dan sombra a la tumba del ‘héroe’ británico.

No es difícil coincidir en que es un espacio estupendo si se busca tranquilidad y paz entre el caos y el ajetreo del día a día. En definitiva, un parada recomendada para amantes de la botánica, la historia y los atardeceres con vistas al mar.

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