El claustro ourensano de San Francisco, un espacio único sujeto a los avatares de la historia

Ourense es una ciudad rica en espacios que conjugan arte e historia y que nos invitan a adentrarnos en el pasado local disfrutando de un entorno de gran belleza. Y entre esos muchos lugares merece un puesto destacado el claustro del antiguo convento de San Francisco no solo por sus valores patrimoniales, sino por los diversos acontecimientos de los que fue testigo –y en ocasiones protagonista- durante sus 7 siglos de vida. 

 

La construcción de este claustro se remonta a la primera mitad del siglo XIV, lo que lo convierte en la pieza más antigua del convento del que toma su nombre, aunque su historia comienza casi 100 años antes, puesto que fue en 1237 cuando los franciscanos llegaron a Ourense. Sus disputas políticas y religiosas con el obispo Pedro Yáñez de Novoa propiciaron que las primeras dependencias que habían levantado fuesen destruidas solo unas décadas más tarde (a finales del siglo XIII), así que el claustro que ha llegado a nuestros días es parte ya del nuevo convento construido tras la intervención del Papa Clemente V. 

 

Sus obras se prolongaron por espacio de un cuarto de siglo (de 1325 a 1350) y el claustro comparte con la iglesia de San Francisco (1348) su estilo románico-gótico y una historia en la que sobresalen dos curiosos acontecimientos. El primero tuvo lugar en el siglo XIX a raíz de la desamortización de los bienes de la Iglesia y de las órdenes religiosas. El convento, que había sufrido diversas modificaciones y ampliaciones con el pasar de los años, pero que había mantenido su uso religioso original, fue reconvertido en cuartel de infantería en 1843. Y así el claustro por el que durante siglos habían paseado los monjes franciscanos sumidos en sus oraciones pasó a ser ocupado por los militares. Esta situación se mantuvo durante casi un siglo y medio.

 

El otro acontecimiento destacado para la configuración del lugar ocurriría ya en el primer tercio del siglo XX. En 1923, tanto el claustro y la iglesia fueron declarados monumento nacional, pero eso no impidió que la historia de estas dos construcciones tomase caminos diferentes poco después y nos condujese a la situación actual. Las autoridades de la época decidieron reubicar la iglesia en una nueva ubicación de tal forma que en el año 1929 fue trasladada piedra a piedra hasta su emplazamiento  actual, en un lateral del parque de San Lázaro, dejando al claustro huérfano del recinto de culto que lo había acompañado durante casi 6 seis siglos.

 

Después de la marcha de los militares, en la década de los años 80 del siglo pasado, el claustro pasó por una etapa de abandono, pero tras diversos avatares burocráticos por fin fue recuperado, puesto en valor y abierto al público hace ahora algo menos de una década. Desde entonces, los vecinos de Ourense y los visitantes de la ciudad han podido descubrir su historia y contemplar todos los detalles arquitectónicos y escultóricos que han propiciado que el lugar está considerado como uno de los claustros de estilo románico-gótico más importantes y mejor conservados de Galicia. 

 

Las columnas dobles que, a excepción de cuatro columnas únicas, forman casi todo el conjunto sujetando 63 arcos en total y la cuidada y variada decoración de sus capiteles son sus dos elementos más significativos. Criaturas mitológicas y animales poco frecuentes en estas ornamentaciones, como elefantes, además de motivos vegetales y escenas del antiguo testamento atraen la mirada de los visitantes y lo invitan a adentrarse en un relato que habla del pecado y de la lucha del bien y del mal.

 

El claustro comparte además espacio con otros lugares de gran interés cultural que hacen aun más recomendable la visita. A un lado se encuentra el moderno auditorio municipal inaugurado en el año 2005 y que se ha convertido en uno de los epicentros de la vida cultural local. Y al otro se puede ver el cementerio de San Francisco, un camposanto que fue bendecido a comienzos del siglo XIX y declarado Bien de Interés Cultural en el año 2000. Paseando entre sus jardines y sus monumentales tumbas es posible conocer el lugar de descanso de personajes ilustres como Blanco Amor, Otero Pedrayo y Vicente Risco, entre otros.

 

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