EL BOSQUE ENCANTADO DE ALDAN (PONTEVEDRA)

La Finca de Frendoal, también conocida por los vecinos del lugar como el Bosque Encantado, se encuentra en la parroquia de Aldán, perteneciente al ayuntamiento de Cangas, en la comarca de O Morrazo, Pontevedra.

Esta finca formaba parte de la conocida como Casa Torre de Aldán, propiedad de los Condes de Canalexas, y en su momento fue utilizaba como lugar de recreo de los condes y sus invitados. La propiedad quedó separada de la finca principal por la construcción de la carretera que une Cangas con Bueu y más tarde fue donada al Concello de Cangas, que decidió dejarla para uso y disfrute de los lugareños y visitantes. Es en ese momento cuando comienza su fama como Bosque Encantado.

A pesar de tratarse de un lugar muy conocido, su ubicación no se encuentra bien señalizada y no es fácil llegar. Debemos tomar la carretera PO-315 que va de Aldán a Moaña. En el kilómetro 109 encontraremos una desviación, que llega hasta un pequeño puente medieval y un lavadero rústico (Lavadero das Pardellas). En este punto se encuentra la entrada al bosque.

Una vez allí, un camino lúgubre rodeado de árboles autóctonos, como robles, castaños, abedules o laureles, y que transcurre paralelo al río (o regato) Orxas, nos lleva hasta un pequeño castillo con foso y puente levadizo del que solo se encuentra la estructura, pero que hará las delicias de los más pequeños. Construido en la década de los 60, nunca llegó a terminarse, pero su estado actual, cubierto de musgo y enredaderas, ayuda a incrementar el ambiente mágico del parque. Es un lugar ideal para sentarse en alguno de los bancos de piedra que lo rodean, descansar y escuchar el sonido del agua y el viento entre las hojas de los árboles.

Es precisamente su frondosa arboleda -que forma un techo natural de ramas-, junto con la espesa vegetación, lo que ha dado a esta finca su fama de encantada.

Un poco más adelante nos encontramos con el denominado Arco dos Mouros o Arco da Condesa. Se trata de un pequeño acueducto de mampostería medieval, aunque de origen romano, que se encuentra en el interior de la finca. Era el encargado de llevar agua, desde una mina de agua cercana, hasta las fincas del pazo. Hoy solo se conserva una de las arcadas originales bajo la que pasa el camino que recorre el parque.

Se trata de una corta ruta aunque llena de encanto donde lo mejor es la sensación de silencio y desconexión que la caminata proporciona al caminante. Las construcciones abandonadas, los grandes árboles, el arrullo del regato hacen que este efecto fantasmal se intensifique dando la sensación al viajero de encontrarse en un auténtico Bosque Encantado.

La experiencia se puede completar realizando la Senda de Los Molinos del río Orxas (Muíño do Xangarelo, Muíño da Granxa y el Muíño de Nores), molinos hidráulicos que resultan un conjunto digno de ver.

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