Castro de Baroña

Es conocido por todos que la costa gallega entre sus islas, sus cabos y sus golfos rodeados del mar salvaje, guardan gran cantidad de tesoros, pero si hay uno que llama especialmente la atención por su gran importancia arqueológica es, sin duda, el Castro de Baroña.

El Castro de Baroña es un asentamiento cuyo origen se sitúa en la Edad de Hierro (estuvo habitado desde el siglo I a.C. hasta el siglo I d.C.) y cuyo descubrimiento no tendría lugar hasta el año 1933 después de una excavación en la zona.

Localizamos este castro en la parroquia de Baroña, en Porto do Son (A Coruña) y, nada más llegar, lo primero que llama nuestra atención, además de su belleza, es la singularidad de su ubicación, puesto que se sitúa en una pequeña península rocosa separada de la tierra por un istmo de arena. Es, precisamente, en este istmo que une el poblado al castro donde nos encontramos con la primera medida defensiva: un foso de 4 metros de ancho y 3 de fondo.

Las construcciones que nos encontramos en este castro son casi todas de planta circular, y no se aprecian puertas de entrada o ventanas. Esto es algo muy habitual en los castros que han sido poco romanizados, puesto que son los romanos los que trajeron el urbanismo a nuestras tierras, trayendo también las casas de planta cuadrada. Así pues, una organización urbanística y viviendas cuadradas con distribución interior sólo se encuentran en los castros más tardíos y que alcanzaron su apogeo bajo la dominación romana.

Los habitantes que hubo en este asentamiento eran granjeros autosuficientes que se alimentaban sobre todo de productos del mar como el pescado y el marisco. La prueba es que durante su excavación se encontraron numerosos anzuelos y herramientas de pesca, así como espinas y vértebras de pescado. En esas excavaciones también se encontraron restos que permiten saber que allí se desarrollaron actividades relacionadas con la minería y la metalurgia. De hecho, en la zona norte hay un horno en el que se posiblemente se trabajó, como solía ser común en la mayoría de los castros, el bronce y otros metales como el oro y el hierro.

Pero si hay algo que hace majestuoso el Castro de Baroña es su situación sobre una península rocosa, perfectamente defendible por todos sus flancos, en los cuales el salvaje Atlántico jugaba una parte importante junto con los acantilados que lo rodean, así como la fortificación de su único acceso posible, lo que lo convierte en un bastión de resistencia, en su día, preparado para las guerras, los asedios y los ataques de todo tipo de ejércitos.

Actualmente ostenta el reconocimiento de Patrimonio Artístico Nacional y Bien de Interés Cultural, lo que, junto al hecho de estar rodeado de hermosas playas y bosques, hace que cada año sean miles las personas que deciden visitarlo. Además, es el castro mejor conservado de toda Galicia junto con el situado en A Guarda, al sur de la provincia de Pontevedra, y de los pocos que se encuentran tan cerca del mar, por lo que sin duda alguna os recomendamos que lo visitéis y disfrutéis de los mil tipos de azul, los acantilados infinitos, los bosques centenarios y esa huella celta que el tiempo no ha conseguido borrar.

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