Alvarizas, las protagonistas de las laderas de O Courel

Como ya es sabido, Galicia cuenta con una fuerte tradición apícola y buena muestra de ello son sus alvarizas. Una especie de muros, dispuestos generalmente en forma circular, donde se refugian un conjunto de colmenas. Este tipo de construcciones -aunque se pueden encontrar en distintos puntos del territorio gallego- son un referente etnográfico en las montañas de la sierra de O Courel, en Lugo. Por eso, tanto su concepción arquitectónica como la riqueza del entorno que las rodea son el caldo de cultivo para una miel de calidad superior.

La sierra de O Courel cuenta con unas características únicas. En primer lugar por su orografía, especial por sus vertiginosas laderas coronadas -en algunos casos- por cumbres entre las que está la de Formigueiros con 1.639 metros de altitud y en segundo lugar, por un clima en el que predominan los cambios drásticos de temperatura entre verano e invierno. Todo esto propicia que hablemos de un entorno de gran valor natural, que además de contar con una enorme variedad de flora y fauna, ha tenido que adaptar su arquitectura popular a una serie de particularidades diferentes a las del resto del territorio gallego. Pequeños puentes de madera o piedra para cruzar ríos (pontellas) o las típicas construcciones que servían para secar la leña y las castañas (sequeiros), se suman a los encantos propios de este paraje vivo y agreste del sureste de la provincia de Lugo.

Por su parte, las alvarizas, se levantaron con materiales propios del entorno, especialmente pizarras y rocas de estructura laminar -frecuentes también en la construcción de casas-. Unos componentes que se caracterizan por el predominio de minerales laminares que favorecen su fragmentación en lascas y que agilizaban, en consecuencia, la tarea de construcción para los apicultores de la época. Aunque la forma puede variar entre circulares y ovaladas, el resto de características son comunes entre ellas: muros de una altura aproximada de dos metros, una puerta de acceso de madera y unas dimensiones cercanas a los cinco o seis metros metros de diámetro para las redondas y doce por seis metros para las de forma oval. Visto esto, es lógico pensar que reducir la altura de los muros facilitaría el acceso de los propietarios pero, precisamente esto, impide los estragos que puedan ocasionar animales salvajes, como el oso u otros.

Una de las particularidades que más sorprenden de este tipo de recinto, es su disposición en terrenos escarpados, de difícil acceso y alejadas de la población. El hecho de encontrarse alejadas de casas o cualquier núcleo urbano evita -tanto para propietarios como para vecinos- los problemas derivados de las colmenas y facilita el acceso de las abejas a una mayor variedad de materia prima. Por otra parte, el grado de inclinación que adquieren estos espacios está pensado para aprovechar al máximo las horas de sol, ya que el frío es uno de los principales enemigos de los colmenares.

Y aunque, hoy en día, ya no se vean instalaciones modernas rodeadas de una fortaleza o algún tipo de sistema defensivo, los apicultores siguen estableciendo la tarea productiva de sus abejas en los mismos lugares. Sin duda, la principal justificación que existe en torno a la ubicación de las alvarizas es la búsqueda de espacios soleados en un territorio que registra temperaturas especialmente bajas.

Una importante muestra de estas tradicionales explotaciones se pueden ver en el camino entre Domiz y Loureiro, en el municipio lucense de A Pobra do Brollón. Que en mejor o peor estado, de mayor o menor tamaño y en funcionamiento o no, se encuentran rodeadas de una gran capa vegetal de árboles y flora autóctona que ofrecen una panorámica inigualable del lugar.

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