Allí donde nace el Miño: Pedregal de Irimia

¿Quién dijo, claro Río Miño

Que naces en Fumiñá

Si junto a Moterredondo

Ya pasas hecho un chaval?

Y sé, también, que tienes

Tu cuna más atrás,

Allá en la Sierra de Meira,

De Irimia en el Pedregal.

Por eso, porque eres meirego,

Por eso te quiero más.

(¡Quizá tus aguas llevan

Las lágrimas de mi madre!)

RÍO MIÑO. AVELINO DÍAZ (1870-1961)

Así reza la placa que encontramos al llegar a Pedregal de Irimia. Este poema al Río Miño, de Avelino Díaz, refleja la polémica que durante mucho tiempo existió entre los municipios de Meira y de A Pastoriza sobre si el nacimiento del Río Miño se encontraba en la laguna de Fonmiñá, como así se creía, o un poco más arriba, en el Pedregal de Irimia. Hoy en día, se considera que el nacimiento del principal río gallego se encuentra bajo las piedras del Pedregal de Irimia, aunque desde ahí discurre de forma subterránea hasta reaparecer, junto a otras fuentes, en la laguna de Fonmiñá.

Fonmiñá es un manantial de aguas profundas que, como comentábamos, surgen más abajo del nacimiento del Río Miño. En su superficie se pueden ver cientos de burbujas que representan la salida de aguas subterráneas. Junto a la laguna se ha acondicionado un área recreativa desde la que se puede tomar una sencilla ruta que acompaña los primeros kilómetros del río.

Pero si queremos ver el nacimiento real de nuestro principal río debemos ir hasta Pedregal de Irimia, un curioso paraje de grandes piedras alrededor del cual existen numerosas leyendas. Algunas, atribuyen la presencia de tantas piedras a la bella bruja Irimia, que las arrojó para evitar que los monjes, que la querían desalojar del lugar por no pagar la contribución, pudieran beber de las fuentes que allí surgían (o para defenderse de ellos según otras versiones). Otras, se la atribuyen al mismísimo diablo, que tenía envidia de los monjes que allí habitaban y que, una noche de tormenta, acompañado de sus secuaces, se presentó allí para  tirarles piedras y destruir el bello lugar, pero, ante los rezos de los monjes, tuvieron que retirarse dejando las piedras atrás. En el coro del monasterio de Meira hay una silla en la que se ilustra esta leyenda.

Más allá de leyendas y dichos, el origen del Pedregal se encuentra en una “morrena” de origen glaciar. Las piedras fueron arrastradas y depositadas de forma natural hace miles de años por lenguas de hielo. Este río de piedras desciende a lo largo de 700 metros por la ladera de la sierra, formando un escenario único y espectacular. Bajo las piedras surge un manantial que no se ve pero puede oírse su murmullo y que hoy sabemos que es el origen del río Miño.

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