Tiempo de tradición y costumbres navideñas en Galicia

La Navidad es tiempo de tradiciones en Galicia. Muchas de ellas entroncan con costumbres que también se repiten en el resto de España y de otros muchos países. Las hay que son variaciones particulares adaptadas a la idiosincrasia local. Y también existen manifestaciones singulares y propias. A continuación te mostramos algunas de estas tradiciones con gran arraigo en la Navidad gallega.

 

El Apalpador 

En la disputa entre Papá Noel y los Reyes Magos por el trono navideño un tercer aspirante pugna en Galicia por el favor de los más pequeños de la casa. El Apalpador es una figura tradicional del interior de la comunidad, especialmente de las zonas de montaña, que ha sido recuperada en los últimos años y extendida a otras muchas localidades gallegas. Según la tradición se trata de un carbonero que durante las fechas navideñas visita las casas, palpa la barriga de los niños mientras duermen para saber si están bien alimentados y les deja como regalo un puñado de castañas. Las pesquisas sobre el terreno llevadas a cabo por investigadores como José André Lôpes han permitido seguir el rastro de esta tradición por las montañas de Os Ancares y O Courel e identificar las similitudes y diferencias del Apalpador, también conocido en algunos lugares como Pandigueiro, con otros personajes navideños, como el Olentzero vasco, el Tió catalán o el Esteru cántabro.

 

Los belenes

La tradición de recrear el nacimiento de Jesucristo con figuras está presente en toda Galicia, tanto en los hogares, como en los espacios de culto y en otros muchos lugares públicos y privados y en ocasiones cobra vida también en forma de escenificaciones en las que niños, jóvenes y mayores interpretan a los principales protagonistas de ese episodio bíblico. Pero si hay dos lugares donde la tradición de los belenes alcanza su máximo esplendor es en los municipios de Valga y Begonte, cuyas escenificaciones han merecido la consideración de celebraciones de interés turístico. El Belén Artesanal en Movemento de Valga nació hace ahora 25 años y destaca por el complejo entramado que da vida a parte de sus más de 4.000 figuras, entre las que siempre hay espacio para los personajes más destacados de la actualidad. Más veterano aun es el Belén Electrónico de Begonte, que arrancó en el año 1972 y que combina las escenas típicas de la Navidad con representaciones del mundo rural de la Terra Chá. En ambos casos, las personas que los visitan cada año se cuentan por decenas de miles.

 

El capón y el bacalao con coliflor

Aunque el marisco, en sus numerosas y sabrosas variedades, se ha erigido como uno de los platos estrella de los menús navideños, la tradición sigue presente en muchos hogares a través de otros ingredientes y preparaciones. Así ocurre con el capón, cuyo exponente más famoso es el de Vilalba, localidad donde se le dedica una feria monográfica que marca allí el inicio de la Navidad y cuya fama se extiende por toda Galicia y más allá de los límites de la comunidad. Y así sucede también con el bacalao con coliflor, una receta cuya popularidad algunos estudiosos relacionan con la vigilia que durante un largo período de tiempo estuvo vigente en la víspera de Navidad y que impedía comer carne. Las propias características de sus dos ingredientes principales contribuyeron al hecho de que fuese un plato estrella de Nochebuena, puesto que la coliflor era una verdura habitual de la huerta gallega y el bacalao ha sido, tradicionalmente, un pescado barato y de fácil conservación.

 

Las panxoliñas

Las panxoliñas son las composiciones musicales fundamentales de la Navidad gallega. Aunque identificadas habitualmente con los villancicos, algunos investigadores han destacado que existen diferencias. Mientras que los villancicos son composiciones musicales empleadas en la liturgia en las iglesias y que no necesariamente tienen que versar sobre motivos navideños, las panxoliñas siempre tienen esa temática y son temas populares que vecinos y familias cantan ante el Belén y durante las celebraciones navideñas. Dentro de las panxoliñas se pueden diferenciar distintos subgéneros: las panxoliñas propiamente dichas, que son las que hacen referencia a las visitas al Belén; los “nadais”, que se cantan el 25 de diciembre; los cantos de Año Nuevo, los aguinaldos y los Cantos de Reyes.

 

El tizón de Nadal y el Lume Novo

En algunos lugares de Galicia preservan una tradición presente también en otras zonas de Europa y que entronca con ritos antiguos relacionados con el solsticio de invierno. 

Se trata del tizón o cepo de Navidad, una práctica relacionada con la idea del tránsito de lo viejo a lo nuevo y que consistía en prender un tronco de madera que debía permanecer encendido un tiempo determinado. Así lo explicaron autores como Vicente Risco, quien señalaba además que la ceniza resultante era empleada como abono, y hay quien apunta que esa misma materia era utilizada para curar las fiebres. En algunos lugares, la brasa se mantenía viva hasta Año Nuevo, en otros se encendía brevemente durante cada día como símbolo de protección del hogar y en unos pocos se guardaba para prenderla de nuevo durante las jornadas de tormenta con ese mismo fin. Esta práctica entroncaría además con otra manifestación tradicional de estas fechas en Galicia, la del Lume Novo, que consistía precisamente en encender un fuego vecinal después de la cena de Nochevieja que servía para guiar las almas de los fallecidos. Ese fuego debía ser alimentado durante toda la noche para poder encender con él las cocinas del día de Año Nuevo.

 

Noches de bromas y ritos

El 28 de diciembre, festividad de los Santos Inocentes, es una fecha asociada tradicionalmente a las bromas en toda España y en buena parte de Hispanoamérica, pero en algunas zonas de Galicia hay otras jornadas navideñas propicias también para las inocentadas. En algunos lugares estas se realizaban al finalizar la Misa del Gallo, oficio religioso que tiene lugar el 24 de diciembre antes de la medianoche, mientras que en otras partes de la comunidad las bromas se llevaban a cabo el día 26, día de San Esteban. Además, también había tiempo durante algunas de esas veladas para pensar en el futuro a través de otros ritos que tenían por objeto intentar conocer cómo iban a ser las próximas cosechas e incentivar la producción de los árboles frutales por el expeditivo método de apedrearlos.

 

 

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